Hace bastante tiempo dije que en unos días volvería a hablar de la película 28 semanas después. Siento que hoy es ese día. No sé si esto significa una vuelta a escribir con regularidad. Argh.
Ocurrió una cosa curiosa con esta peli. Como tenía muchas ganas de verla, me vi varias veces los diferentes trailers (el internacional, el de Reino Unido y el español, que es un doblaje del anterior). Además de que estaban hechos de puta madre me servían un poco para atemperar el ansia por ver la peli. Y, cuando por fin la vi, me sorprendieron algunos cambios respecto a estos trailer, como si fuera un poco el juego de las 7 diferencias.

Para empezar, algo que resultó un poco decepcionante: en ningún momento de la película se escucha el temazo “Shrinking universe” de Muse. ¿Por qué, jo? Yo esperaba una secuencia-subidón en el punto álgido de la peli con esa canción, pero no llegó. No existía. Putada.
Me sorprendió escuchar el mismo momento en dos versiones diferentes. En el llamado trailer oficial, el crío le pregunta al padre: “Are you going to tell us what happened to Mum?", mientras que en la versión UK dice: “What happened, Dad? To Mum". Tanto en el trailer español como en la peli -la vi doblada al castellano-la frase queda así: “Papá, ¿qué le pasó a Mamá?". Curioso…
En el trailer oficial, el militar estadounidense negro, que es un poco el jefazo de todo, dice: “This is what’s all about, gentlemen: families starting again". Esa frase ni otra parecida se dice en ningún momento de la peli que yo vi.
En el trailer, el soldado que escapa con los críos guiña un ojo cuando empuja el coche, rodeado de gas y con la cara tapada. Ese guiño no sale en la película. Lo cual creo que le resta impacto emocional a la secuencia, dado lo que ocurre inmediatamente después.
Por último, y quizás lo más llamativo: todos los planos en la que los niños protas corren junto al soldado y otra gente por la calle -incluido el plano en el que el niño asiente a las órdenes que el soldado le da, un gesto muy gracioso y muy bien interpretado por parte del chaval-, en la película se ven como si fuera de noche, en lo que debe ser una versión avanzada de la vieja técnica de noche americana. Hasta tal punto están de noche que ese gestito del niño, que a mí me hace tanta gracia, apenas se ve. Eso sí, el hecho de que sea de noche hace que el bombardeo quede más bonito.
En definitiva, creo que todo esto no son más que pequeñas diferencias que derivan del problable hecho de que haya una versión llamada internacional (seguramente dedicada al mercado estadounidense y, por extensión, Latinoamérica y quizás Japón y otros lugares de Asia, si es que la peli triunfa lo suficiente) y otra europea.
No sé hasta qué punto el metraje o el carácter de la peli puede variar entre estas versiones, debido a contenidos violentos: sangre, palabrotas, etc. En la Imdb puedes ver que en EE UU está calificada como Restricted (la típica de toda peli con algo de sangre y violencia), así que no creo que haya grandes diferencias (nota curiosa, en Francia está calificada como -12, hay que ver con nuestros vecinos, siempre tan permisivos, jejeje).
¿Entonces, a qué vienen estas diferencias? Pues no sé, quizás a que estoy aburrido y me entretengo con cualquier gilipollez. Quizás la productora simplemente subcontrató a gente diferente en EE UU para hacer el trailer y, de un mismo material, eligieron diferentes cosas.
Pd: en cuanto a la polémica de quién debe quedarse con el mérito de haber tenido primero la ocurrencia de usar un helicóptero para matar zombies, si Fresnadillo en esta peli o Robert Rodríguez en Planet terror… pues no tengo ni idea. Es verdad que Rodríguez estrenó su peli en EE UU en abril, más de un mes antes que Fresnadillo, pero no sé si estas secuencias ya estaban en los guiones o surgieron después, y no sé cuál se rodó antes.
Ahora bien, el veredicto en cuanto a belleza plástica se lo lleva, para mí claramente, Fresnadillo. Su escena impacta mucho más, está rodada con más clase y claridad, es más eficaz. Quizás es una cuestión también de la película que contiene esas secuencias: 28 semanas… es equilibrada, y la intriga y la acción están muy bien repartidas. Así, cuando te llega el helicóptero y se lleva por delante a un montón de “infectados", a ti te dan ganas de aplaudir.
En cambio, si bien la de Rodríguez está pensada como un divertimento gamberro y punto, como es tan trallera, llega un momento que te anestesias: después de 60 minutos de amputaciones, bombas y tiros, lo del helicóptero es un poco una tonteriílla añadida. Habrá gente que le molará mucho más la fanfarria de Planet terror, pero eso ya es otra discusión.
Discusión que aprovecharé para comparar, y ser la enésima persona que lo hace, la de Rodríguez con la de Tarantino.
Por cierto, quizás algún director desconocido ya hizo lo del helicóptero en alguna olvidada peli de serie Z del subgénero western-de-zombies-con-sierra-mecánica-en-coches-a-toda-pastilla. Que ahora, con tanto revival, ya no sabe uno a qué atenerse…
Ayer tuve la oportunidad de ver la película en un preestreno y me ha encantado: tiene un puñado de grandes momentos y equilibra muy bien la tensión y los sustos a lo largo de todo el metraje. Para mí, un notable alto.

En unos días comentaré un par de curiosidades, ya que aún no se ha estrenado y, aunque no voy a revelar nada de la trama, tampoco quiero predisponer a nadie.
Para quien no le gustara 28 días después, esta peli le parecerá más de lo mismo: gente huyendo de otra gente ensangrentada y gritona. Pero, igual que la primera tocaba muy bien ciertos miedos que todos tenemos (la inquietud de sentirse solo, los seres queridos convertidos en otra cosa, el reparo a fiarse de los desconocidos, la animalidad que llevamos dentro y que nos permite sobrevivir), esta secuela apunta a otros asuntos muy interesantes: el egoísmo, el rencor, lo frágil de nuestra aparente seguridad… todo ello envuelto en un montaje frenético, alguna concesión a la galería (respingos, subidones de volumen), una postproducción cojonuda y, sobre todo, un tipo, Juan Carlos Fresnadillo, que tiene un universo interesantísimo y que lo está plasmando en unas pelis estupendas.
Por cierto, me encantó la chica protagonista, además de ser un bellezón y tener unos ojazos, es espectacular cómo transmite lo que la secuencia pide. Estupenda.
Ayer vi 300, y me entretuvo bastante. Muy comiquera, exageradísima. Me gustó más Sin City, quizás porque el cruce de historias diferentes no convertía la peli en algo tan planito como esta de Leónidas y compañía.
Acabo de leer un debate sobre la supuesta intoxicación política filofascista y proestadounidense de la película en el blog Today your blog, tomorrow the wold.
No voy a añadir nada, soy de la opinión de que ver fantasmas donde no los hay solo nos lleva a la jaqueca gratuita y al dolor gonadal, mayormente producido por un exceso de mala hostia revanchista reconcentrada.
Sin embargo, en determinado momento, Raccord, hablando sobre el espíritu antibelicista de algunas películas de guerra, nombró a Apocalypse Now y La chaqueta metálica, entre otras, como ejemplos de ello.
Me parece un insulto. Apocalypse Now es un canto a la locura, el odio y la obsesión. A Coppola le interesaba criticar Vietnam o la guerra en general en esta peli tanto como ensalzar la Cosa Nostra en El Padrino: es una circunstancia, un entorno donde dejar que sus personajes existan.
En Apocalypse Now Willard convierte su misión en una catarsis personal. Ni rastro de políticas de Washington o el Vietcong. La peli es el viaje de un loco a la caza de otro loco.
¿Sabías que Coppola quería que el final mostrara a Willard sustituyendo a Kurtz como monarca en aquel infierno demente? A los productores les dio tanto miedo que aceptaron el plan B de Coppola: Willard enviando el mensaje “Drop the bomb. Kill them all!” y el napalm devastando la jungla.
Todo muy pacifista, sí.
La opinión de Raccord me recordó, en parte, a la panoplia (qué ironía de palabra, ¿eh?) cultureta-izquierdosa-antitodo que tan bien se filtra por todos lados para enseñarnos qué es aceptable y qué no. Normalmente, no es aceptable nada que huela a EE UU, las guerras y conceptos como honor, patria, orgullo o venganza.
Para terminar. La chaqueta metálica, ¿antibelicista? El bueno de Stanley debe estar partiéndose de risa en su tumba. Si por algo decidió colgar una chapita con el símbolo de la paz al soldado Joker fue precisamente para descojonarse en la cara de aquellos que esperaban una especie de Senderos de gloria 2. En palabras del propio Joker, aguantándose las carcajadas frente a un superior que le pregunta el sentido de llevar esa chapa y las palabras “Born to kill” pintadas en el casco: “I think I was trying to suggest something about the duality of man, sir. [El coronel se queda de piedra.] The duality of man. The Jungian thing, sir".
Y es precisamente Joker quien, sin atisbo de humanidad, ejecuta a la joven francotiradora, para volver con sus compañeros cantando la canción del Club Disney. No es antibelicismo, eso sería una soflama simplista. Es puro nihilismo.

Si vas a ver 300, olvídate de segundas lecturas intencionadas. Por supuesto, no te tomes en serio nada de lo que la película cuenta. No seas idiota buscando paralelismos con la actualidad. No pretendas que se trate de un modelo de conducta. Simplemente diviértete, joder.
La casualidad ha querido que, apenas tres días después de que yo escribiera sobre el dúo Herzog-Kinski, hoy se estrene en Nueva York la película Cobra Verde, que nunca ha sido exhibida en EE UU.

Este post puede parecer la tirita antes de hacerse la herida, pero en realidad no es otra cosa que la expresión de lo que pienso realmente. Gente por ahí nos felicita y nos dice: “¡suerte!”. Sí, bueno, claro.
“¿Y por qué no?”. Sí-sí, veamos. Para empezar, no es gracioso. En este festival por internet todo es gracioso, o casi todo. Este corto no es gracioso. O al menos no pretende ser gracioso.
No es un dramón con mensaje trascendente. En este festival por internet cuando algo no es gracioso es un dramón con mensaje trascendente. Este corto no es un dramón con mensaje trascendente. Porque apenas hay drama y porque la trascendencia ni asoma.
Además, no tiene un giro sorprendente. En este festival por internet algo puede ser gracioso o un dramón con mensaje trascendente, pero es seguro que tiene un giro sorprendente. Este corto no tiene un giro sorprendente. Porque lo que cuenta no necesitaba un giro sorprendente para ser contado.
“Esto parece una declaración de intenciones para que premien vuestra supuesta originalidad y vuestro rollo ‘paso de lo que hacen los demás’. Está muy visto, tío”.
Eh, espera, no. En serio, esto es lo que pienso. O sea, si nos dan un premio, pues de puta madre, pero… mierda, eso no va a pasar. ¿Sabes por qué? Porque, mierda, el corto no se merece ganar. Porque no lo entiende nadie, porque es hueco (o su contenido es bastante… inaprensible) y porque… no sé.
“Sí, lo que tú digas. Vas del palo ‘jaja, mi corto es tan eso y tan lo otro que nadie lo premiaría’, pero en realidad deseas que pasara”.
¡Claro! Ya te lo he dicho, me molaría que ganáramos, joder.
“Entonces deja de soltar chorradas, esperas a que salgan los resultados y punto”.
Vete a la mierda, yo sólo quería hacer un post curioso. Además, gilipollas, si a mí se me ocurrió el corto, pues puedo ponerlo a parir todo lo que quiera. La idea molaba, está bien hecho, pero el resultado no funciona. Punto. En un concurso las cosas tienen que funcionar, y este no funciona. Que te follen.
“Y si sabes que no funciona, ¿para qué cojones lo mandas a concurso?”.
¡Porque me sale de la polla!
“¿Sabes qué? ¡Pues que deberías ganar, por gilipollas y por ir de guay y de outsider y de capullo presuntuoso que no sabe más que criticar lo que hacen los demás! ¡Ganarías y todos pondrían a parir tu corto con razón, y con razón te acusarían de ir de guay buscando ‘ser diferente’ y toda esa mierda!”.
Que te den por culo, pues que nos premien, que nos den pasta y haremos una puta peli. Y que nos pongan a parir, me da igual.
“Pues eso”.
Si algo ilustra el libro “Quentin Tarantino: excesos y cinefilia” es precisamente el gusto por el exceso y la particular cinefilia de su autor, Juan M. Corral. Lo que me lleva a suponer que esta persona tiene un ego de lo más desmesurado y unas ganas terribles de polemizar con sus lectores.
La premisa del libro es clara: analizar hasta el último detalle la filmografía de Tarantino para descubrir todo tipo de precedentes cinematográficos que echen por tierra cualquier atisbo de originalidad adjudicada al director estadounidense. Corral enriquece con numerosísimas e ignotas referencias este análisis, alejándose de los lugares comunes y aportando un toque de frescura de lo más agradecido.

El problema reside en el estilo de Corral, que parece que ha escrito el volumen en un estado de febril revancha contra Tarantino. De ahí lo de polemizar: si hay alguien que va a leer este libro es un fan de Quentin o, al menos, alguien interesado en algún aspecto de su obra, por lo que el continuo acoso y derribo al protagonista no puede resultar sino un poco desagradable.
El libro hace un recorrido por la vida y obra del director, arremetiendo especialmente contra la película Pulp fiction. Por alguna razón Corral detesta esta película, considerándola la peor de Tarantino. Sus bajas pasiones le llevan a abandonar toda pretensión analítica -como hace correctamente con Reservoir dogs o Kill Bill, por ejemplo- y el capítulo dedicado a este film no es más que una sarta de ataques a todo lo que al autor no le gusta de la película.
Por el contrario, a Corral le encanta Jackie Brown y el texto correspondiente es un compendio de alabanzas. Siendo Pulp fiction una de mis películas favoritas (la considero la mejor película de los años 90 a nivel mundial), no sentí más que repulsa. Parece que el mayor pecado del film es su carácter comercial. Mi pregunta es: ¿acaso Jackie Brown no lo es? Según Corral, nada en Pulp fiction merece la pena: los personajes, las historias cruzadas, los diálogos… Mi opinión no puede ser más opuesta: si hay una peli de Tarantino donde falla la historia, los personajes no atraen y los diálogos no dejan huella, esa es Jackie Brown.
Compara, si no, a Vincent Vega con Louis Gara, a Jackie con Mia, a Ordell con Marsellus o a Jules con Max. Compara su magnetismo, su fuerza como personajes, su impacto como iconos. Jackie Brown pierde en todos los frentes.
Por otro lado, Corral debe ser alguien peculiar al que le parece molar ir de raro. Lo digo por la aversión que destila por lo que él llama despectivamente películas “de serie A", tachándolas de comerciales, despreciables y dignas de oprobio y olvido. Por contra, no ahorra halagos al referirse a todo tipo de oscuras películas baratas y de género con adjetivos como “sublime", “adorable", “inolvidable", “simpática” o, incluso, “obra maestra".
Para gustos, colores. Pero soy de la opinión que en el cine hay unos estándares, y aunque una peliculita gore de karatekas te pueda hacer gracia una noche de birras y pizzas con tus colegas, quieras o no Lo que el viento se llevó será una película mejor. Por sus valores artísticos, de producción o por su impacto social.
Sin embargo, Corral es de esos que se corren de gusto ante cualquier subproducto y luego se atreve a firmar las siguientes lindezas:
-sobre Jean-Luc Godard, “sobrevalorado", “la mayoría de sus películas son pedantes, megalómanas y estúpidas".
-sobre David Lynch, “la execrable Wild at heart“, tachándola de “serie A” (como si ninguna peli de Lynch fuera de serie A, cuando lo son todas excepto, quizás, Eraserhead).
-sobre Robert DeNiro, “insoportable", “sobrevalorado".
-sobre Wong Kar-Wai, “otro de los imitadores de Tarantino".
Y, así, otras cuantas desbarradas más a lo largo del libro. Creo que sus propias palabras son lo suficientemente elocuentes.
Nota: sobre el tema de la falta de originalidad de Quentin Tarantino, soy de la opinión de que algo sí que aporta este hombre cuando consigue que sus películas sean tan recordadas, odiadas, queridas o imitadas. Que su ópera prima siga a pies juntillas City on fire de Ringo Lam o que no haya una sola secuencia de toda su filmografía que no sea un pastiche de referencias a mí, sinceramente, casi que me da igual. Tarantino nunca ha presumido de descubrir la pólvora. Pero, mira por dónde, él es quien deja huella. Quizás es porque ha sabido integrar sus influencias en conjuntos tan poderosos visualmente que no puede sino sobresalir entre propuestas mucho más mediocres. ¿Acaso eso no es mérito suyo?

Es lo que tiene que los Reyes Magos sean tú mismo. Que siempre aciertan.
Pd.: ¿por qué no existe esta edición en España?
He participado en dos cortos que concursan en el Notodofilmfest: se titulan “Ya está la cena” y “15 min.".


Te invito a verlos en la sección Sala de proyecciones de la web. Los cortos tienen los números 205 y 202 respectivamente. ¡Espero que los disfrutes! Y no te cortes a la hora de comentarlos.
Se acerca el gran día, o los grandes días. Salvo catástrofe, y tras un pase privado el día 11, el corto Contraataque se estrenará, en dos proyecciones, los días 14 y 15 de mayo, en dos garitos de Madrid.
La cita del domingo 14 de mayo es a las 21.30 horas en Costello Club, C/ Caballero de Gracia nº 10 (Metro Gran Vía. En Montera, la primera a la izquierda).
Al día siguiente, lunes 15, una oportunidad más, de nuevo a las 21.30, en DeCine, C/Costanilla de los desamparados nº 11 (una perpendicular a C/ Huertas, a mano derecha)

Huelga decir que todos los lectores de este blog están invitados, aun a riesgo de colapsar los locales (jaja, qué flipao). Si por alguna excéntrica razón quieres conocerme en persona, pues ya sabes la consigna secreta: “¡Yokin, Yokin, hijoputa, visito tu blog!". Recuerda que, si vas con intenciones de atacar mi integridad física, nunca salgo de casa sin mi Beretta 92.
Como es posible que no sepas, Contraataque es un cortometraje sobre tres soldados que, tras sobrevivir a una batalla, se quedan descolgados y perdidos de la mano de dios. Sus enfrentamientos, tensiones y paranoias forman el hilo narrativo de un corto demasiado ambicioso, desequilibrado y en ocasiones arrítmico, pero que tiene un par de buenos momentos y algunos planos cojonudos (obra de Carlos Muñoz).
Puedes ir abriendo boca en Videadores, donde tarde o temprano se colgará la versión para internet. Seguiremos incordiando.

Como este post es por motivo de unas fechas muy señaladas y especiales, romperé la norma y colgaré una foto mía. Comprueba que debo ser la alegría de la huerta mientras estoy de rodaje. Ficha también la sudadera. Es la típica de andar por casa. No creo que la pille como amuleto, pero esos días de frío se agradecía su textura suave y cálida.

El corto H5N1 se ha llevado el premio del jurado del Notodo filmfest. Lo dirige Jim-Box y… bueno. Si no estás enterado: la cosa es que el premio ha resultado un poco polémico, porque a simple vista parece una gilipollez, un chistecillo sobre la gripe aviar. Es complicado. A mí me ha hecho bastante gracia. Pero es un poco gilipollez. Pero, por otro lado, tiene mérito que con unas imágenes de patos y una voz en off se crea una historietilla divertida. Pero también es un vídeo más que sigue el rollo humor absurdo tipo El informal, La hora Chanante o Splunge. ¿Timo o ingenio merecedor de un premio?

Leo en el blog de Iván Reguera, via Periodista Digital, lo que no parece ser sólo una opinión solitaria: que el corto es una ful. La cosa ha generado unas cuantas reyertas verbales que no hacen sino (re)descubrir lo mezquino del mundo del corto (y todos los mundos). Porque más de uno le ha dado un palo importante a los miembros del jurado (Álex De la Iglesia y Nacho Vigalondo entre otros) y ha criticado duramente a los premiados en todas las categorías.
Esto me viene al pelo, porque llevo un tiempo meditando sobre el mundillo del corto en general y el mundillo del corto en internet en particular. Te habla un tío que ha firmado un corto tan desequilibrado, arrítmico y desastroso como Soñando contigo, pero como en este país a nadie le exigen la diplomatura en crítico-académico, pues digo lo que me sale de los cojones y punto.
Y es que, claro, uno hace algo y pone un poco o un mucho de sí mismo y otro te lo pone a parir y… ya hemos montado el pollo (nunca mejor dicho). A mí me gusta más Cirugía, de Alberto González, un juego de perspectivas que está muy bien, aunque también echa mano del humor patético-absurdo-paródico. El premio del público, El mecánico de Raikkonen, no deja de ser otro chiste sobre un tipo penoso que no para de hablar del colacao en una cita con una chica.
El premio especial del patrocinador, 5′25, de Jorge Esteban Blein, me ha dejado blanco. Blanco en el sentido de no saber qué decir, porque apenas plantea dos historias y se acaba. Sí, no ha sido un error. Míratelo. 30 segundos en los que no te dicen nada, y mira que iba por buen camino. Si pretendían eso, lo han conseguido, sí señor. Pero no sé qué me querían contar. ¿Angustias vitales varias? Bien apuntado, pero… joder, que no pasa nada por contar una historia con planteamiento, nudo y desenlace, coño.
No he visto más, son las doce menos algo de la noche y mañana me levanto a las siete y no me apetece. A lo que voy es a lo siguiente: ¿por qué es tan común encontarse, entre cortometrajistas de éxito y recién adquirida familla, con sólo muestras de comedia? No sólo eso, sino una comedia que suele tirar por la autoparodia como inspiración, la chapuza como distintivo y el surrealismo o el absurdo como norma.
Para empezar, entreveo cierta comodidad en esa actitud. Es el rollo de fumarse un porro (o varios), que se te ocurra una historia más o menos pintoresca y delirante, prepararla lo justo y hacer un cortillo en el que, si algo sale mal, no importa, porque así queda más gracioso, más patético y más edwoodiano. La verdad que la cosa no está mal para llamar la atención, pero esta tendencia está generando tal profusión que parece que se están pasando de rosca. Joder, últimamente casi todo lo que veo es de coña o tiene la aspiración de que se tome a coña.
Y lo que me temo es que, en el fondo, subyace el miedo al ridículo. Es más fácil escribir mala comedia que drama, y más difícil buena comedia que drama. Y la mala comedia que da buenos resultados es el instantáneo de esta familia de refrescos: coge a un pintas, que haga un par de gilipolleces y envuélvelo en una atmósfera patética. Como mínimo, provocará una sonrisa.
Ahora, intenta hacer algo serio. Te quedará cursi. O presuntuoso. Fallarás totalmente en la reacción que querías provocar. Tus amigos, al verlo, se reirán cuando se suponía que no tenían que reírse. Es que es difícil, ¿a que sí?
No me voy a poner a despotricar contra los autores de los cortos, porque talento sí que tienen dentro. Ahora, este rollito no me va nada. Paso de poner en mis cortos vocecillas tontas de narrador o sacar diálogos eternos que parecen una mala copia de un clubdelacomedia. En persona estoy todo el día riéndome y diciendo gilipolleces, pero no me sale escribirlas. Siempre me salen muertos, hostias y carroña. Resultaré ridículo dándome aires de auteur, pero mi rotunda opinión es que un corto es más que un chiste en vídeo.
El otro día fui a ver Munich, y me encantó. Una parte de mí temía encontrarse con el Spielberg de chufas como La terminal, Atrápame si puedes, Minority Report o AI. Pero no. Esta peli es tan sobria, tan intensa y tan bien construída y ajustada que no parece suya, o al menos desde que dirigió La lista de Schindler.
La principal diferencia con La lista… -típica peli que todo el mundo dice: “jo, qué obra maestra” pero que para mí está sobrevalorada- es que en Munich no hay lugar para la sensiblería fácil ni el puchero. En Munich, afortunadamente, no hay judíos en blanco y negro que, transparencias mediante, pasan a color y dejan, ceremoniosamente, piedras sobre la tumba de Schindler, acompañados de los propios actores de la película, en un fenómeno de traslación fílmica sin parangón desde que Allen fantaseara en La rosa púrpura del Cairo.

En Munich hay una historia político-policíaca de puta madre. Supongo que ya sabrás el tema: un equipo de espías israelíes se dedican a eliminar a cabecillas terroristas árabes o palestinos o palestino-árabes, que no es lo mismo. Uno de los mejores aspectos de la peli es su limpieza de espíritu: no hay eufemismos, desde el primer momento se mata y se habla de matar. Nada de agentes engañados que pensaban que iban a atrapar a los malos para que los juzgaran. No. Aquí se mata y a lo bestia. Se mata como matan los seres humanos: a veces con frialdad, otras veces chapuceramente, en ocasiones con dudas, en otras, con temores, paranoias, rencores o arrepentimiento.
Ideológicamente, la peli me parece impecable. Retrata a unos cafres que organizan la-de-dios-es-cristo en un secuestro, supuestamente en nombre de un pueblo oprimido. Después, retrata a otros cafres que se toman la justicia por su mano, supuestamente en nombre de un estado amenzado. Y, en medio, las dudas, los miedos, las certezas y los sentimientos de un hombre encargado de ir matando uno a uno a unos pibes que están en una lista.
Coincido con algún crítico en señalar que la mejor secuencia de la peli es cuando van a la caza de un asesino a sueldo, en plan venganza. No lo voy a contar con detalle para no joderle a nadie la peli, ya que se ha estrenado hace poquillo. Pero la parsimonia de los ejecutores y la naturalidad en el comportamiento de la víctima hacen que la crueldad y la cotidianeidad vayan juntas de la mano en unos momentos enormes, de cine negro puro, como hacía mucho que no se veían.
También destaca la recreación del asalto al hotel de concentración de los deportistas israelíes, que contiene unos momentos de violencia tan dura e impresionante como hermosa. Disparos que suenan como los de los informativos, no como los de las pelis. Y eso acojona.
¿El punto negro? Pues una temprana escena sexual del protagonista con su mujer: sencillamente ridícula, de una pacatería vergonzosa. Por supuesto, no hay por qué enseñar el coño de la tía y la polla del tío al filmar un encuentro amoroso. Pero joder, el rollito ella-vestida-y-él-tapadito-con-la-sábana-justo-ahí está superado desde hace décadas, y cada vez que lo veo en pelis contemporáneas me dan ganas de reír. Es que es una cuestión de ideología cinematográfica, porque una de dos: o nos enseñas a los actores follando y mostrando sus carnes si no te importa enseñar tetas, coño y culos, o, ya que no quieres mostrar carnaza, pues cierras un poco el plano y punto. Pero quedarse a medias, poniendo sábanas ridículas que tapan las entrepiernas de los actores es estúpido.
Van pasando los años, y parece que el señor Spielberg va poniéndose las pilas. Cada vez rueda mejores secuencias de acción y en cada ocasión retrata la violencia de forma más real. Hurra por él y congraciémonos sus espectadores. Pero el sexo sigue siendo su asignatura pendiente. Créeme, no le tengo manía, por mucho que le ataque. El día que haga follar bien en una peli suya, seré el primero en celebrarlo.
Quedar a las ocho y media de la mañana un sábado y un domingo. Con un frío de la hostia. Que la policía aparezca porque alguien ha llamado alertado por los gritos y denunciando que unos tíos vestidos de militares y armados estaban violando a una negra.

Con un equipo que pesará unos veinte kilos. Barro hasta los tobillos, la mitad de los que participan en vías de pillar un resfriado. Viento racheado que estropea el sonido. Un tiempo cambiante, en el que tan pronto sale el sol como se pone a llover.

Tres tipos en medio de una guerra que no entienden. Supervivientes de una escaramuza. Perdidos y amenazados por algo que no alcanzar a ver ni comprender. Algo que hará sacar lo peor de cada uno.

Dentro de unas semanas, Contraataque en Videadores.
Con mi ilusión (de iluso) habitual, ayer me dispuse a ver los Goya. Joder, empecé a aburrirme ya con el primer vídeo. Un decorado aparatosísimo que imitaba una sala de cine años 40 y la pésima pareja de presentadores, Concha Velasco y Antonio Resines, ya parecían vaticinar el tedio que nos esperaba (apagué la tele a las doce y diez, así que sólo puedo criticar de puntillas).

Se cumplían 20 ediciones de los Premios Anuales de la Academia y eso fue la excusa imperfecta para que a lo largo de toda la gala se hiciera un pesadísimo repaso, año a año, de lo que han sido los premios. Dios, ni te imaginas lo aburrido que resultó. Que vuelva Animalario a organizar el cotarro, por favor.
¿Lo bueno? Premios repartidos (recordemos con horror lo que ocurrió el año pasado con la tramposa Mar adentro). ¿Lo malo? Algunas candidaturas gratuitas (¿Verónica Sánchez en Camarón?).
Un año más. Bueno. Por favor, sé original y no critiques, como cada edición, a los que no se ponen traje para ir a la ceremonia. Por favor, sé original y no digas aquello de “están los de siempre". Por favor, sé original y no repitas una vez más que el cine de este país es una ful, aunque es cierto que este año ha sido de los más flojos.
Ahora bien, la gala es una mierda gigantesca. Eso sí.
Hubo una época en la que los protagonistas eran los estudios: la RKO, la Universal, la MGM, e incluso, años después, la Hammer o alguna otra que ahora no me viene a la cabeza.
Después, y durante bastantes años, fueron las estrellas, ya fueran del cine mudo o sonoro: Keaton, Swanson, Bogart, Garbo…
También tuvieron su momento los productores: David O. Selznick, Val Lewton y otros que no me sé.
Más tarde, los directores: Ford, Lang, Hitchcock, Curtiz, Walsh… la mayoría provenientes de Europa. Muchos fueron considerados “artesanos", y gracias a los nouvellevagueros se convirtieron en “autores".
Por fin, les llegó el turno a los guionistas: Schrader, Mamet y tantos otros que también se hicieron un nombre dirigiendo.
Entre medias, nos encontramos con grandes clanes, característicos ya sea por su origen -italoamericanos (Scorsese, Coppola), centroeuropeos (Polanski, Forman), etc.- o por su educación cinematográfica: Spielberg, Lucas, Zemeckis…
Son los años 70 y los directores de la vieja escuela estaban desapareciendo, relevados por cineastas underground o brillantes alumnos de las recién creadas escuelas de cine. Los 80, la resurrección de Hollywood, supondrían el caldo de cultivo para las ratas de videoclub, gente como Burton, Tarantino, Smith o Rodríguez, que explotan creativamente en los años 90. Si Godard, Truffaut y compaña reivindicaron el buen cine americano de los años 40 y 50, a partir de finales del siglo XX nos encontramos la revisión y resurrección de todo lo que, por una razón u otra, fue olvidado o ignorado: la ciencia-ficción de serie B, el terror europeo de los 70, la acción y violencia del cine asiático…
Europa, siempre a la cola de EE UU, sólo consigue brillar gracias a determinados movimientos puntuales: expresionismo, neorrealismo, el cine más o menos social, la nouvelle vague, el llamado nuevo cine español, el dogma… siempre entre el orgullo europeísta y la fuga de cerebros, el cine europeo, lo queramos o no, nunca ha dejado de mirarse, aunque sea con el rabillo del ojo, en el espejo estadounidense.
España, por su parte, siempre ha sido un país de grandes apellidos, más que de corrientes, estudios o escuelas cinematográficas. La dictadura franquista no hizo sino sumir en un profundo pozo el buenísimo cine que pudo haber. Aún así, nombres como Berlanga, Bardem o Fernán Gómez destacan entre tantas tinieblas. Por supuesto, siempre bajo el influjo del gigante Buñuel, una mente poderosa a quien ni el exilio ni los bajos presupuestos le amedrentaron a la hora de firmar obras que aún extrañan, emocionan e impactan.
Con la transición llegarían la política, el humor zafio y la libertad creativa. Saura, Erice, Garci, Almodóvar… sientan las bases de lo que aún sigue siendo nuestro cine, que se va renovando poco a poco con gente como De la Iglesia, Medem o Amenábar. Pero si el cine español ha cometido y sigue cometiendo un pecado, es su excesiva tendencia al personalismo y su falta de géneros. Algo que, afortunadamente, está cambiando.

Después de este repasillo a vuelapluma, me encuentro en esta situación de desorientación: sin corrientes artísticas, sin grupos o tendencias, sin esquemas o reglas que violar… ¿qué le quedará al cineasta de la segunda década del siglo XXI? Ya no habrá figuras que reivindicar, ni joyas que redescubrir. Todo ya habrá sido retomado y recuperado hasta cien veces. El cineasta de los años 10 habrá crecido viendo pelis como Pulp Fiction, se habrá emocionado con ella. Y aunque vea y valore en su justa medida Los violentos años veinte, su caldo de cultivo tuvo ingredientes como Titanic, Jurassic Park y El señor de los anillos, por mucho cine independiente que consumiera.
Este cineasta ya no va a cine clubs, pues desaparecieron dos décadas antes de que llegara al instituto. Para él, los tan comentados matineés o los programas dobles son casi una leyenda, de tan lejanos. Apenas visitará algún que otro video club que le ofrezca rarezas, pues la televisión por cable le suministra muy bien de muchas y muy variadas películas. Este cineasta ha crecido en multicines de pantallas gigantescas y en el salón de su casa, entre las palomitas y los amigos y la soledad del salón y el mando a distancia.
La aparente facilidad de acceder al mundo del cine -cursos, facultades, concursos, webs- pero la falta de figuras cercanas a las que admirar sitúan a este cineasta en mitad de la más anodina de las masas. Observando a su alrededor, se dará cuenta de que una de dos: o se convierte en un personaje público y sale en televisión y hace el payaso, o la industria le convertirá en un esclavo.
Así que, decidido a no participar en este juego, este cineasta decide volcarse en los más puros géneros cinematográficos, buscando, si no una salida, por lo menos una guía.
Ayer fui a verla y… está bien, te entretiene, tiene un buen par de puntos, pero… francamente, esperaba mucho más. Especialmente por parte de David Serrano, el guionista.

Empecemos por lo bueno, que en orden de mayor a menor es: Alberto San Juan, Ernesto Alterio, Pilar Castro y Willy Toledo. El que ya deslumbrara en Airbag desarrolla su personaje con más confianza y metraje, lo que le permite lucirse con todo un despliegue de expresiones faciales que ya querrían para sí un montón de humoristas. Además de sus dotes interpretativas, San Juan sale beneficiado porque su personaje es el mejor tratado de toda la película: tiene un punto de partida y un final, un arco evolutivo que en los demás brilla por su ausencia.
Por ejemplo, los personajes de Alterio y Toledo: tienen sus gestitos y sus tonterías, pero van de un lado a otro, despojados de esas personalidades que tanta vida aportaban a la primera película. En ésta oscilan sin rumbo claro, se supone que en una especie de duelo por el personaje de Pilar Castro, pero sin fuerza ni convicción. Y el final no se explica de ninguna forma, ni apenas se explota la comicidad del momento…
Junto con San Juan, Pilar Castro es la gran beneficiaria de esta película. Ya mostró talento de sobra en Días de fútbol, y aquí borda casi el mismo papel: el de mujer que te lleva a hacer un montón de tonterías de las que nunca te llegas a arrepentir del todo. Su problema, además de que no hace del todo bien de borracha, es el de todos: su personaje apenas está hecho de cuatro trazos, como con prisas, desaprovechado.
Y llegamos a los defectos de la película. Rápidamente: algunas versiones de las canciones son malas (la de Sin documentos es terrible), aunque la de “Gavilán o paloma…” es cojonuda (en boca de San Juan, de nuevo). Casi ningún número musical pega: al contrario que en El otro lado…, resultan deslavazados, metidos a dedo. Excepto en su primera aparición, cantando al piano, la más-guapa-al-natural-y-en-persona-que-en-pantalla Lucía Jiménez no está a la altura de sus compañeros masculinos (y las comparaciones con las chicas de la primera parte son odiosas). Y Verónica Sánchez… no quiero ser cruel, pero la pobre no tiene ni pizca de salero. Guapa como pocas, y dotada de un cuerpazo, pero más sosa que un yogur de agua. Poca expresividad y pasión, cero de química con su partenaire… suspenso inmediato.
Creo recordar que en la rueda de prensa, David Serrano dijo que este guión es el que más le había costado escribir. Pues se nota: parece hecho con los retales de la anterior, por lo que los personajes no tienen personalidad, hay cero de trama y los intentos de volver a crear coletillas de éxito fracasan estrepitosamente. Incluso da vergüenza ajena el recurso fácil de sacar aquello de “el niño melón!…". Al final, sólo queda la impresión de haber visto unos cuantos chistes de unos cuantos tipos que han hecho varias cosas, pero no sabes muy bien por qué ni hacia dónde.
Quizá es que nos prometieron demasiado. Quizá es que se confió demasiado en los creadores. Quizá es que el resto del mundo no es tan exigente. Pero, para esto, mejor que hubieran hecho otra cosa. Y la próxima, sin canciones. Acertaron un vez. No confíen en hacerlo de nuevo.
Pd: esto lo firma el tipo que codirigió “Soñando contigo“. Pero a éstos les pagan, y a mí no.
Por cierto, ¿por qué esta película es tan recatada en cuento a desnudos y sexo? Con lo natural y desenvuelto que quedaba en la anterior…
Sí. No es una paja mental nacida de una mente infantilizada y fantasiosa como la de tantos de nosotros. Los foros echan humo. Vale, la producción no ha comenzado, aún no hay un guión definitivo. Y, ni mucho menos, se va a estrenar en el verano de 2006, como se ha estado diciendo hasta hace bien poco. Pero, según he leído, Spielberg declaró hace un par de semanas, en un encuentro con unos estudiantes, que la cosa va lenta pero segura, y que, después de dos guiones rechazados, está esperando que el guión se matice hasta que esté a su gusto.
Esto es como lo de la cuarta parte de Indiana Jones: mosquea que tarden tanto teniendo en cuenta la velocidad a la que el señor Spielberg nos tiene acostumbrados, que parece un horno pan de tanta peli que estrena (y lo regulares que le están saliendo). Pero tanto rechazar guiones también aporta una mijita de esperanza: ¿quizás es una vuelta al Spielberg más auténtico, al de los grandes espectáculos? ¿Un Spielberg exigente, que se lo curra más y que no quiere evidenciar un empeoramiento de su cine? ¿Un Spielberg que desea evitar que comparemos unas cuartas partes con las otras?

Algo a favor de Jurassic Park IV: no habrá que esforzarse mucho para mejorar la chufa que fue la tercera y quedar bien, en plan “si es que si no estoy yo aquí para dirigir, hacéis una ful” (la tercera entrega de Parque Jurásico la dirigió Joe Johnston, el de Jumanji).
Otras noticias, sazonadas con declaraciones de Stan Winston -el de los efectos especiales de la trilogía- y de Sam Neill -el actor que interpretó al paleontólogo Alan Grant en la primera y la tercera-, apuntan a que Spielberg desea encontrar la mezcla perfecta entre el contenido científico y la aventura pura y dura en la historia. Se dice/se comenta que quiere recuperar partes de la primera novela e ideas rechazadas de la primera y segunda películas para esta cuarta entrega. Entre ellas, una espectacular huída de los protagonistas en motos, mientras los raptores les persiguen (deshechada de The Lost World: Jurassic Park) y una tierna secuencia de los niños de la primera con una cría de triceratops. Porque otra cosa: tratándose del bueno de Steven, seguro que hay un crío en la peli. De fijo. Una pena, porque a mí me encantaría ver un Parque Jurásico violento, oscuro, casi de género de terror. Para mayores de 18 años. Quizá lo haga yo un día.

Sin llegar a tales sueños húmedos, sería deseable que recuperaran el espíritu de la primera película y, sobre todo, cierto rigor en la trama -cosa de la que adolecía la segunda parte- o, por lo menos, que tuvieran algo que contar -no como Jurassic Park III, ejemplo de historia hueca, y muestra perfecta de cómo tirar a la basura una idea excelente.
Aunque no todo era malo en la tercera peli. Por ejemplo, ese destello de humor surrealista, cuando Alan Grant sueña que un Velociraptor le habla, o directamente todo el surrealismo que rodea a estos animales. No es que sean listos, es que son sapiens: engañan, realizan tácticas de equipo elaboradas y se comunican con tanta eficencia que sólo les falta hablar. Además, son pacientes, poseen capacidad de negociación y matan sólo como represalia (cuando uno desnuca a un humano utilizado como cebo).
Otro detalle bonito fue la recreación de la pajarera, que ya aparecía en la primera novela. Ahora bien, el resto de la peli es infame: la premisa de la historia, el hecho de que ese puto crío haya sobrevivido dos meses en la isla, la secuencia del río y el Spinosaurus, el macrodinosaurio ese, el hecho de que el ayudante de Grant sobreviva al ataque de los Pterodon, la chorrada final de que llegue la marina estadounidense… ¿Cómo pudieron convencer a gente como Sam Neill, Laura Dern o William H. Macy para semejante despropósito? ¿Sólo con dinero? Y eso que el bueno de Alexander Payne (About Schmidt, Entre copas) fue guionista de esta tercera parte: cuando lo contó en una charla con alumnos en la facultad, todos nos quedamos de piedra…

Pero, como bien dice mi amigo Véctor, no debe extrañar la decadencia de la franquicia con segundas partes como Parque Jurásico: El Mundo Perdido. Fue un buen detalle desviar el protagonismo al matemático Ian Malcolm, así como el placer de ver a un T-Rex sembrando el caos en San Diego… pero poco más. Las secuencias de cacería son impresionantes, pero, como la huída entre los Parasaurolophus de la tercera, no son más que un remedo de aquella carrera entre Gallimimus de la original. Como el hecho de que se repita el asedio de los Velociraptor en un espacio cerrado (también en la tercera), a la manera del mítico acoso a los críos en la cocina. O como el estupendo ataque del Tyrannosaurus a los coches de recreo en Nublar, repetido casi miméticamente en Sorna, pero todo al cuadrado: dos Rex, una caravana el doble de grande, un precipicio el doble de profundo… Por no hablar, claro, del ataque del Spinosaurus a la avioneta, de nuevo en Sorna…
Así, llegamos al principal problema de esta saga: todo se repite. Parece que en su empeño por lavarle la cara a los dinosaurios y hacerlos más peligrosos, inteligentes e impresionantes, y pese a introducir nuevas especies, cambiar de actores y de tramas, a cada cual más simple y tontorrona, no quisieron poner remedio a la merma de calidad que supone que todo se vaya repitiendo casi paso por paso. Supongo que a todos les guiaría ese pensamiento tan del stablishment hollywoodiense: si algo funciona, ¿por qué habría que cambiarlo? Yo digo: si nada va a cambiar, ¿entonces para qué lo haces?

Recemos a nuestros dioses particulares para que hagan algo decente con la cuarta entrega de esta maravillosa historia. De no ser así… haremos como que nunca existieron las secuelas.

Pd: merece la pena dedicar unas líneas a un asunto que casi todo el mundo critica, el hecho de que cada nueva película nos presente nuevos dinosaurios. Para empezar, hay que ser un poco benevolentes y dar por bueno ese giro argumental que el propio Michael Chricton le dio a su historia y aceptar que existe una segunda isla, Sorna, auténtico laboratorio de dinosaurios, mientras que Nublar no es más que una fachada para turistas.
Una vez aceptado esto, sí que existe justificación para la aparición de unas cuantas especies, pero quizá no para otras. Veamos caso por caso. Por ejemplo, en Jurassic Park: The Lost World, lo primero que nos sorprende es ver a unos aparentemente juguetones Procompsognathus, pequeños como una gallina pero jodidamente feroces. Después, nos encontramos con unos majestuosos Stegosaurus y los aguerridos Pachycephalosaurus. También vemos de cerca a los Parasaurolophus, pero en realidad no eran una novedad: ya aparecieron, de lejos, en la primera película. Por último, en la televisión se dejan ver un par de Pterodon, por lo que no habría por qué extrañarse de su protagonismo en la tercera.
Ésta última nos ofrece el plato fuerte del Spinosaurus, además de la anecdótica aparición de lo que parece ser un Proceratosaurus, un Ceratosaurus o quizá un Allosaurus y, casi de pasada, la visión de un apacible Pinacosaurus (o podría tratarse de un Euoplocephalus), además de los citados Pterodon.
Pues bien, si nos remontamos a la primera película, cuando Dennis Nedry roba el ADN, vemos que coge capsulitas almacenadas por especies, entre las que leemos: Proceratosaurus, Gallimimus, Tyrannosaurus Rex, Velociraptor, Stegosaurus y Metriacanthesaurus. Cabe señalar que vemos menos capsulitas de las que hay, por lo que, para empezar, cualquier guionista puede ampararse en “no se vieron, pero en el Parque Jurásico original ya tenían sintetizado ADN de tal y cual especie".
Como sabes leer, verás que un par de especies de la segunda peli y una de la tercera aparecen en este almacén que Nedry desvalija. Sin embargo, ¿qué pasa con el Pachycephalosaurus, ese dinosaurio que daba cabezazos? ¿Y con los enanos compis (Procompsognathus)? Efectivamente, no estaban en ningún sitio. Sin embargo, tratándose de dos especies de tamaño mediano y pequeño, no es un gran quebradero de cabeza para la historia. Igual le ocurre al tranquilo Pinacosaurus de la tercera. Nadie lo nombra anteriormente, y ahí está. Pero como no da problemas, pues pasa desapercibido.
Lo de los Pterodon es otro tema. Aparecen de refilón en la segunda y son protagonistas en la tercera y, sin embargo, ni palabra de ellos anteriormente. Además, si Sorna no iba a ser visitada, ¿qué sentido tiene montar una pajarera tan grande? ¿No sería mejor montarla en Nublar? ¿Acaso Nublar tenía la suya? Rotundamente, no: si hay algo que queda claro de la primera peli son las instalaciones de la isla. Por tanto, imposible de justificar sin chistera.
Y, por último, lo que siempre se ha dicho que es la gran cagada de la tercera parte: el gigantesco Spinosaurus. ¿No se supone que el T-Rex era el depredador más grande y feroz del parque? ¿De dónde se han sacado semejante mostrenco? Pues bien, resulta que el Spinosaurus es hermano del ya citado Metriacanthesaurus. De hecho, restos que se pensaba que pertenecían al Metriacanthesaurus, se descubrió que pertenecían a otro animal, el Spinosaurus de marras. Y ya has leído qué especie aparecía en los frasquitos de cristal de la primera peli… Así que resulta que esta aparente sobrada tiene una de las mejores coartadas.
¿Qué pasará con la cuarta? Mientas no nos saquen un dinosauroide…


Tengo el orgullo de presentarte Videadores, un proyecto audiovisual creado junto con mi socio Carlos. Alojado en videadores.com, te invito a que lo visites y dejes tu opinión sobre lo que veas por allí.
¿Qué vas a encontrar? De momento, el cortometraje Tu mirada. ¿De qué va? Tal y como reza la publicidad: “¿Cuántas veces has mirado a una chica y nunca te has atrevido a decirle nada?". Una historia de amor contemporáneo rodada en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense (Madrid), en julio de 2005.
Con el tiempo, iremos colgando nuevos cortos, documentales y piezas varias. Según se nos vayan ocurriendo y las vayamos creando. Te doy la bienvenida.

El otro día volví a ver Gremlins II: la nueva camada (por cierto, estaba traducida así, pero yo la recordaba como la nueva generación… ¿soy el único que piensa que era así?). Una de mis pelis favoritas con… nueve o diez años.
Sé que esta secuela no tiene ni punto de comparación con la primera Gremlins, esa pequeña joya del entretenimiento adolescente ochentero mezclado con altas dosis de anarquía navideña. Qué bellos recuerdos los de esas lagartijas esquizofrénicas destruyendo todo a su paso, en una especie de noche de Walpurgis llena de muerte, viscosidades y humor negro… Esos felices americanos en su idílico y arquetípico pueblecito, sufriendo como cerdos a merced de centenares de diablillos… y yo, un enano, disfrutando como un ídem.
Pero la vuelta de Gizmo y sus indeseables hijos en Nueva York, aun siendo una peli que no le llega ni a la altura del betún a su predecesora, tiene más de un detalle digno de comentar. Para empezar, el hecho de estar hecha en 1990 y tener ese inconfundible tufillo a finales de los 80, esa época mítica que tantos sentimientos encontrados nos produce a todos. Qué hombreras, qué decorados, qué leggins, qué cardados, maquillajes, tupés, bronceados anaranjados, cuánto Wall Street, taxi, atasco en Manhattan… dios, cuánta imaginería y qué maravillosa.
Y es que, en esencia, de la misma forma que Gremlins era una sátira de la felicidad insulsa del estadounidense medio en su pueblecito provinciano, Gremlins II es un torpedo a la América yuppie del pelotazo económico. Para empezar, el dueño de la megacorporación en cuyo edificio se sitúa toda la acción de la peli, Daniel Clamp, no es sino un sosias del inefable Donald Trump, todo un icono de la época.

En este ambiente, la peli está trufada de estúpidos pero efectivos chistes visuales y chascarrillos, del tipo:
Una voz salta a la entrada del edificio “Bienvenido al edificio Clamp. Por favor, utilice la puertamática” y va y la puerta giratoria se vuelve loca y lanza disparado a un yuppie con prisas. Es el rollo de que todo es súper moderno pero nada funciona correctamente.
Billy (Zach Galligan, veinte añitos cuando rodó la primera Gremlins), el prota, escucha a un mensajero tararear la extraña e hipnótica canción característica de Gizmo. Alucinado, le pregunta dónde la ha oído, y el mensajero le salta: “¿No es de Sting?".
Más de megafonía: justo cuando el tipo que hace de Drácula se queja a Billy de que a Clamp sólo le gustan las cosas modernas y con colorines, se escucha “Compren en nuestra tienda el clásico Casablanca, ahora en color y con final feliz". O cuando salta “Por favor, que el dueño de un Ford-no-sé-qué matrícula-no-sé-cuántos lo retire. Su coche está viejo y sucio". O cuando le dan a la alarma de incendios, y salta la voz, después de divagar sobre el fuego: “Sí, fuego. El edificio está ardiendo. Huyan y sálvense. Representen el antiquísimo drama de la autoconservación".
Otra frase cojonuda. Cuando en el laboratorio los gremlins están bebiéndose de todo y mutando, hay uno que se enchufla un brebaje con esencias de murciélago y se transforma en un gremlin volador. Horrorizado, el cachondo de Christopher Lee, en otra de sus friki-interpretaciones, salta: “Atrapémosle, que no huya. con que se coma tres o cuatro niños, imagínense qué publicidad". Tremendous. Por cierto, que el bicho atraviesa la pared y deja la silueta de Batman.
Un pequeño detalle. ¿Por qué extraña casualidad la jefa de Billy, seductora, obsesa y desequilibrada, se llama Marla?
Otro. La extraña historia de Kate (Phoebe Cates, que fue modelo y mujer de Kevin Kline), que cuenta un trauma infantil en el que un hombre se le acercó el día del aniversario de la muerte de Lincoln, y le dijo: “Hola, guapa…". Te parecerá una parida, pero estas dos frases, que en la peli sólo sirven para hacer la gracia de que Kate es la típica persona a la que le asaltan las obsesiones cada dos por tres, a mí me dejó desde siempre un siniestro regusto, como a misterio insondable, como de fantasmas…
Otro punto, la presentadora borracha del programa de cocina que elogia al microondas. Por cierto, que los gremlins parecen poseer un extraño poder mental (el gremlin malo, nada más nacer, mira a Gizmo y le llama por su nombre) o una impresionante memoria genética (un par de ellos meten cacharros metálicos al microondas para destruirlo, recordando lo que le pasó a un congénere en la primera).
Hay una parte en la que la peli cae en un par de referencias propias y parodias tontas (sale un crítico de cine terriblemente parecido a Garci, aparece el gran John Wayne), y la cosa pierde bastante.

Un par de cosas más: ese pedazo de cachondo que le puso, en la secuencia final en la que los gremlins se derriten, un sombrero de bruja del Mago de Oz a uno, mientras dice: “Me derrito, mi mundo…".
Traca final: en la versión original, la voz del gremlin inteligente es la de Tony Randall, ese hombrecillo simpático famoso por ser el secundario de las comedietas horteras de los sesenta interpretadas por Rock Hudson y Doris Day. En la versión española esa voz la pone, quién si no, nuestro Constantino Romero.
Leo en los créditos que aparece Hulk Hogan. ¿Cuándo?
Pd: Otro recuerdo de la primera peli. Uno de los mejores y más divertidos crímenes de la historia del cine, junto al perpetrado por Indiana Jones cuando dispara al tipo del sable en En busca del arca perdida, es el de Gremlins, cuando un par de cachondos alteran el motorcillo de la silla que le sube las escaleras a una vieja, y la pelleja sale volando hasta incrustarse en un cubo de basura. Cojonudo!
Para terminar, un abrazo a Joe Dante y al equipo de ocho guionistas responsables de esta secuela.

Frederick Loren (Vincent Price)
Do you remember the fun we had when you poisoned me?
Annabelle Loren (Carol Ohwart)
Something you ate, the doctor said.
Frederick Loren
Yes, arsenic on the rocks…
House on haunted hill (1958), directed by William Castle
…

Nicholas van Dyn (Vincent Price)
Deform bodies depress me…
Dragonwyck (1946), directed by Joseph L. Mankiewicz
…

Estas dos pequeñas joyas son sólo una muestra del terrible encanto de Vincent Price. He de reconocer, una vez más, el excelente gusto de Tim Burton cuando le eligió como ídolo. Yo de mayor también quiero ser Vincent Price…
Si hay que escoger un rostro para encarnar a casi cualquier personaje de los maravillosos relatos de terror de Edgar Allan Poe, es sin duda el de Vincent: nadie como él para encarnar con tanta ambigüedad la maldad y fundirlo con un irresistible encanto. Todo ello junto al inefable productor y director Roger Corman. Aquello sí que era terror. A veces cutre, en ocasiones algo pueril, pero siempre con encanto, y con un incombustible respeto a los clásicos, algo que hoy brilla por su ausencia.
Aunque no sólo de terror vivió Price, y sin ánimo de encasillarle, hay que decir que fue este género el que le encumbró. Y orgulloso debió vivir toda su vida de ello. Cuántas historias de románticas apariciones, viejas telarañas y crujientes escalones…

Vincent falleció en 1993. No importa. Como los mejores fantasmas, sigue vivo en las frías noches de tormenta.
Veo en Xarlie el poster teaser de Torrente 3:

Y, ayer, ficho en una revista el de Batman Begins:

Y me digo: no sé si soy el primero en darme cuenta, pero… joer, qué cachondo el Segura, ¿no?
Francamente, Torrente no me hace ni puta gracia. Me reí algo con la primera, me reí menos con la segunda. De seguir así… aunque quizás a esta trilogía le ocurre como a la de Indiana Jones, que la primera y la tercera entrega son las mejores (pese a que Tarantino defienda que “… and the Temple of Doom” sea la mejor de las tres…). Creo que el principal problema de Segura es intentar hacerse siempre el gracioso, y tanto cameo de famosos al final no hace sino joder la película.
Batman. Con diferencia, el único héroe de cómic que me gusta. No tiene poderes. Tiene un pasado oscuro y una personalidad enferma. Quizás demasiado freudiano todo, pero por lo menos no es un gilipollas con mallas. “Batman” es una peli cojonuda. “Batman Returns” cojea. “Batman Forever” mola cuando tienes quince años, después es una soplapollez de colorines. “Batman & Robin” aburre y es vacía. Confío en Nolan para poder volver a hablar con orgullo de este personaje. Y Bale, que si se lo curra puede ser el mejor Bruce Wayne de todos.
Capítulo aparte merece el Batman de la serie de televisión de los sesenta. Ay, Dios.
Emir Kusturika, laureado cineasta bosnio, ha presentado esta mañana en Madrid su nueva película, La vida es un milagro: una visión desordenada, cariñosa y plagada de un humor absurdo y blanco sobre la terrible guerra de los Balcanes.

Kusturica sonríe ante los preparativos de los medios.
Para quien no le conozca, ahí va su currículum: León de Oro y Plata en Venecia, Palma de Oro en Cannes (en dos ocasiones) y Oso de Plata en Berlín. Y, además, músico. ¿Quién da más? Por cierto: mañana, Kusturica & The No Smoking Orchestra tocan en Barcelona, y el viernes en Madrid.
Para empezar, aviso a navegantes: “Los Increíbles” no es para niños, es para chavales. La película presenta algunos golpes de risa fácil, pero su duración de alrededor de dos horas no es recomendable para nadie menor de ocho años, y menos su argumento. Lejos de narrar una aventurilla ligera de simple confrontación propia de críos, “Los Increíbles” presenta una trama adulta y con matices, que incluso supera a las de muchos títulos supuestamente serios.
“Los Increíbles” destila un inconfundible aroma a las películas y series de ciencia-ficción y superhéroes estadounidenses de los años cincuenta y sesenta, lo que convierte su look en un interesante pastiche estético seductor y atractivísimo. Pero la historia se acerca más al cine de espías que al de superhéroes, por lo que cabe considerar a esta familia como los nuevos y mejorados Bond, y a este crítico le parece que la cinta de animación supera a cualquier muestra de la saga del agente secreto.
“El Lobo” no es un thriller al uso, así que aquel que busque explosiones, disparos y persecuciones automovilísticas no debe poner en este film sus esperanzas de pasar el rato. Sin embargo, “El Lobo” sí presenta estos elementos del cine de acción, aunque lo hace bajo un tamiz pausado, frío, casi desapasionado.
Este ejercicio de estilo da como resultado una estética hiperrealista, sucia, muy natural, ayudada por un montaje seco, ajustado y sin concesiones al exceso dramático o pirotécnico. Bombas, tiroteos y persecuciones, pasos obligado en los filmes de acción y episodios que inclina a tantos directores a subrayar su pericia técnica, en “El Lobo” quedan reducidos a un fogonazo que no desvíe la atención del espectador.
Y es que la historia del infiltrado Mikel Lejarza, lineal y sencilla, está trufada de matices, y es presentada y desarrollada en la película con pocas palabras. El director Miguel Courtois y el guionista Antonio Onetti se apoyan en gestos, miradas y secuencias elocuentes, de forma que sea el público el encargado de tejer el sentido de los sucesos, lo que supone la principal baza del film. Continuar leyendo…
Sobre el sitio
Ingredientes: cine, fotografía, arte, literatura, actualidad y mis pajas mentales sexys.
ATENCIÓN, NOTA IMPORTANTE: Los comentarios en este blog están temporalmente inhabilitados debido a un problema con el spam. Disculpa las molestias.
Búsqueda:
Categorías:
- Todos
- Actualidad (40)
- Arte (1)
- Cine (23)
- Comentarios breves sobre películas (22)
- Cómic (4)
- Ensayos sobre la vida cotidiana (34)
- Eventos (11)
- Fotografía (14)
- General (7)
- Grandes personajes masculinos del cine y la literatura (8)
- Internet (3)
- La frase de hoy (13)
- Literatura (3)
- Mundología (13)
- Música (19)
- Personal (33)
- Publicidad (9)
- Relatos (14)
- Sexo (1)
- Teatro (1)
- Televisión (18)
- Viajes (3)
Posts anteriores
Estadísticas
- 284 posts
- 518702 comentarios
Licencia de copia y distribución - José J. M. - 2004
VIDEADORES.COM


