I can see myself having a walk to my home in the early morning, probably less than 5 C degrees, high levels of humidity, fog. Any car, not many lights. Two much thoughts.
I think about writing in English, just because a girl asked me to do it. I think about what to write, if I should avoid a hint to actual people from my personal life. I ask myself, speaking loud alone (and, probably, seeming lightly insane), why not to try it again, lose it again. Suddenly I want to shout, but instantly I forget the idea. I don’t want to be such an idiot.
Fast gaze to a mirror: an angry guy fighting against an illusion. Mourning for nothing. Speaking bullshit.
-anonima, 11 de marzo, post #174 “Las pijas de la Alfonso X":
“yo para empezar no me haria ese tipo d fotos y no als dejaria al alcanze de nadie por supuesto y si son robadas denunsiaria.Y claro esta uiria a la otra parte del planeta”
-Luisfer, 12 de marzo, post #268 “Reflexiones personales y comentarios perdidos V":
“Hola Jokin, creo que este último post no es muy bueno, te lías un poquillo, pero aún así sigues siendo tú. Eso es Bueno. Oye, tengo ganas de echarme unas birritas contigo, hace mucho que no quedamos. Un fuerte abrazo y mucho ánimo en tus proyectos.”
-Zatoichi, 20 de marzo, post #263 “Los excesos de Juan M. Corral":
“Totalmente de acuerdo con tu crítica. Calificaría el libro de Corral como “pedante", “megalómano” y “estúpido". Sólo me ha servido para satisfacer una serie de curiosidades y como guía para alguna que otra película. De todas formas, recomiendo su lectura para cualquier fan del director.”
Me alegra leer a Zatoichi, al menos no estoy solo en el mundo en mi opinión sobre el libro de Corral. Un abrazo público a Luisfer y ánimo con la gramática a “anonima", y que si algún día la denunsian que uya fuera del alcanze de quien sea.
Aprovecho ahora para recomendar la película Fitzcarraldo. Está dirigida por Herzog y protagonizada por Klaus Kinski. Y es, simplemente, un peliculón.

Trata sobre la odisea de un hombre de negocios que quiere contruir un teatro en mitad de la selva peruana para ver cumplido su sueño: que Caruso interprete allí.
Para eso primero necesita pasta, claro, y se le ocurre meterse en el negocio del caucho, comprando un barco y dirigiéndose a una remota zona de la jungla poblada por jíbaros. Ahí comienza su odisea.

Perseguir un sueño, empeñarse en lo imposible, el río, la selva… la personalidad de Fitzcarraldo, la interpretación de Kinski, la belleza de la película. Estos son los ingredientes. Y el resultado es, simplemente, espectacular.

Yo todavía no había visto nada de Herzog, pero en los próximos días me esperan Nosferatu, vampiro de la noche, Cobra Verde y Aguirre, la cólera de Dios, todas protagonizadas por Kinski. La cosa promete.
Hace relativamente poco leí en un suplemento de tendencias de cuyo nombre no quiero acordarme la opinión de una mujer cualquiera que, al salir de ver en un cine cualquiera la película “Infiltrados”, opinaba que le había gustado pero que prefería la película hong-kongesa de 2002 en la que se había inspirado Scorsese.
Ayer tuve la oportunidad de ver esta película. Suele suceder que Hollywood se inspira en películas ya realizadas en otra parte del mundo y las adapta a su público. Suele suceder que esta adaptación vaya acompañada de una simplificación de la trama, un aplanamiento de los personajes, una suavización de los elementos más delicados (sexo, violencia) y, en definitiva, una merma en la calidad artística. No es este el caso de Scorsese y de su última película.
Suele suceder que los culturetas, movidos por un repelús a la industria del cine estadounidense (repelús en muchas ocasiones de lo más justificado), se refieren a las películas “inspiradoras” para darse lustro e importancia en un ejercicio de demostración de su vasto saber y conocimiento culturetil. A veces usan también esta circunstancia para atacar a Hollywood y su supuesta falta de ideas. Típica de esta actitud sería una frase como “Sí, he visto … “. A veces sucede que es mentira, que no han visto la película original pero lo han leído en algún sitio, o la han visto y desconocen que a su vez esta fue un remake de otra anterior, por lo que uno de sus argumentos contra Hollywood queda deslucido. No sé si este es el caso de la mujer que prefería la película asiática que nos ocupa.
En cualquier caso, “Infernal affairs” (“Juego sucio” en España) me resultó floja en el desarrollo de la trama, sus personajes son apenas un esbozo y su ritmo se resiente por la tendencia esteticista de los directores. Es una película interesante, puede decirse que notable, pero palidece al lado de un peliculón como “Infiltrados”.
“Infiltrados” sigue casi al pie de la letra el guión de su predecesora: los giros en el argumento, el rol de los personajes principales y detalles como el brazo escayolado, la caída desde una azotea o el tiroteo en el ascensor.
Lo que no sigue “Infiltrados” es la frialdad expositiva, el nulo desarrollo dramático, el montaje forzado, los presuntuosos momentos de supuesta profundidad psicológica. Sobre el papel, lo que más diferencia “Infernal affairs” de “Infiltrados” es el final: el desenlace de Scorsese es más crudo, mundano, vengativo, violento, podrías decir que incluso efectista. Pero es que el de los directores y guionistas Wai Keung Lau y Siu Fai mak resulta postizo, incongruente, risible. Sin joderte el final, te diré que dos citas budistas al principio y al final del film no convierten a ningún personaje, de un plumazo, en un ser sufrido, atormentado y arrepentido. No hay quien se lo crea, sobre todo porque se trata de un personaje al que no hemos visto desarrollarse nada en casi dos horas, un personaje que, como todos los de la peli, se ha quedado en una línea (“mafioso de las tríadas infiltrado en la policía”, “policía infiltrado en las tríadas”, “jefe mafioso de las tríadas”, etc.).
En fin, que Scorsese ha demostrado aquí ser no solamente un excelente fagocitador de historias ajenas, sino además un director que aporta color, trama, sensaciones y, sobre todo, sentimientos. Con Scorsese sí compartimos el aislamiento y el miedo del policía infiltrado, sí nos seduce el ansia de poder y prestigio del policía corrupto, sí entendemos el juego de supervivencia del jefe mafioso, sí quedamos impactados por el terrible equilibrio de nobleza y corrupción en esta sociedad, que es como han sido todas.
Scorsese finaliza así una enorme película a partir de otra que apunta la idea pero se queda a medias en todo lo demás.

Una chica me dijo que le había encantado. Un chico me dijo que a su jefa no le había gustado nada. Otra chica me dijo que es una mierda, “un timo hollywoodiense". La vi el pasado viernes, y es un peliculón con mayúsculas.

Tiene una buena historia, un guión enérgico, unas actuaciones ajustadas y eficaces, una fotografía atractiva y cuidada y, sobre todo, una dirección sobresaliente. Hay secuencias (la emboscada terrorista, la fuga de la mansión, el escape del gueto) que directamente me pegaron al asiento. Tiene detalles (golpes, carreras, sangre, gritos) tan reales que oías a la gente estremecerse en el cine.
Al salir, dije que era la mejor peli que he visto en lo que va de año. He reflexionado estos días, y sigo pensando lo mismo. Ninguna de las pelis que he visto este año en cine, DVD, VHS o televisión me ha dejado tan noqueado con esta.

Clive Owen me ha encantado, su actuación, totalmente física pero bastante contenida, no tardó en atraparme ni cinco minutos. El resto está bien, digamos que cumple con lo que tiene que hacer y punto. Y aunque la filmografía de Cuarón (el director) me deja algo frío, solo por esta peli y por Y tu mamá también merece toda mi admiración. Qué planos secuencia tiene esta peli, joder. Un chute de adrenalina y miedo a partes iguales. Totalmente recomendable.
Pd: estoy yendo bastante al cine últimamente. El sábado vi A scanner darkly y no me gustó, me pareció lentorra y confusa, aunque visualmente es interesante. Y aunque no me gusta nada la fantasía, disfruté mucho con El laberinto del fauno, muy recomendable; triste y bonita a partes iguales. Ah, y La Dalia negra. No pierdas el tiempo, no vale nada.
(el cartel de la peli lo he pillado del blog moonfleet)
Alatriste, el acontecimiento cinematográfico español del año. No tengo ganas de escribir una sesuda, ácida y resultona crítica, así que enlazo a Iván Reguera, con el que estoy muy de acuerdo. Prefiero centrarme en una cuestión que considero que es otra de las razones por las que la película falla: un mal casting.
A veces parece que los profesionales se olvidan de algo tan básico como que “muchas caras conocidas no es sinónimo de un buen casting". Y es una pena, porque es uno de los cánceres (sí, hay varios) del cine español. En cuanto la producción es de cierta enjundia, parece que los directores de casting, los productores o los responsables de la peli en general se ponen cachondos, se les calientan los cascos y les da la fiebre de llamar a todo cristo para que salga en la peli. Y eso es malo, muy malo.
¿Por qué en Alatriste todos los personajes con frase son actores conocidos? Entiéndaseme: no voy a sentenciar a ningún actor popular o que haya trabajado en TV al ostracismo, pero… joder, que todos los personajes sean para peña así no hace sino sacarte continuamente de la película, te impide centrarte en la trama, en definitiva, le resta toda la credibilidad. Y si encima es sólo para soltar una frase y desaparecer, pues ya ni te cuento. Al final la peli parece la fiesta de los Goya, todos los amiguetes disfrazados de época y haciendo como que actúan.
Eso es lo que, desafortunadamente, me ocurrió cuando vi Alatriste: no es sólo por Pilar López de Ayala, ni por Pilar Bardem, ni por el Paco de Los hombres de Paco, es por una ingente cantidad de gepetos que conoces de toda la vida cuyos nombres desconoces, pero que en cuanto los ves no puedes evitar decir “coño, el pibe éste". Y adiós muy buenas, ya no le ves como un hidalgo del XVII, sino como el que salió una vez en Policías haciendo de ladrón.

Hay quien llama a esto “cameos". Yo lo llamo “cagarla". Especialmente cuando, oh sorpresa, te las ves con una mujer como Blanca Portillo haciendo de monje psicópata: miren, caballeros, lo siento, pero me parece una gilipollez, una mamarrachada, un capricho contraproducente. Quizás un espectador alemán vea la peli y diga: “hostia, qué cura más raro, qué miedo da", pero todos los españoles que hemos visto la peli estamos diciendo lo mismo: “y esto, ¿a qué viene?". Y como todos los detalles de la peli ya eran conocidos desde que comenzó el rodaje, pues cuando te sientas a ver la peli no estás sino pensando: “a ver cómo ha quedado". Y no es más que Blanca Portillo hablando como Blanca Portillo pero calva y con un mechón de pelo en plan Ronaldo en su momento. No sé, un patinazo total en una peli que tiene unos cuantos.
Se supone que la elección de Portillo para ese papel fue decisión del propio Díaz Yanes, que desde el principio tuvo claro que quería una mujer para ese papel. Me parece bien, puede ser una buena idea, como hizo Mel Gibson para el personaje del demonio en La pasión de Cristo. Pero, ¿cuál es la diferencia entre ambos casos? ¡Que Gibson pilló a una completa desconocida, joder! Imagínate el personaje del inquisidor Bocanegra interpretado por una mujer desconocida y un poco fea. ¡El resultado es infinitamente mejor!
Hay algo que Kubrick siempre tuvo claro en sus castings: que, para según que personajes, quería actores conocidos o desconocidos. Por ejemplo, quiso a la pareja de moda de Hollywood para Eyes wide shut o al siempre inquietante Nicholson para El resplandor, pero huyó de los jovencitos de moda a finales de los 80 para toda la tropa de La chaqueta metálica. Y aunque dio a Ryan O’Neal el papel protagonista de Barry Lyndon cuando ya había encarnado al Oliver de Love story, fue cuando habían pasado 5 años de aquel exitazo y suponía dar un salto cualitativo de madurez, para lo que le rodeó de la casi perfecta desconocida Marisa Berenson y de un plantel de actores inéditos para el gran público, incluido el gran Patrick Magee, que ya había participado con un breve papel en La naranja mecánica.
Para terminar: apostó por un chico malencarado de mirada torva para Alex De Large, eligió a un perfecto secundario del Hollywood más académico para Humbert Humbert y le dio 4 papeles en Teléfono rojo… a uno de los mejores cómicos del cine, Peter Sellers, sabiendo de su gran capacidad camaleónica. Puso a anónimos astronautas como víctimas del ordenador HAL 9000 y sólo repitió con Kirk Douglas porque las necesidades lo imponían: fue quien puso la pasta para Senderos de gloria y quien había montado todo Espartaco cuando contrató a Stanley para que éste salvara el barco.
¿Moraleja? Un casting depende de mil movidas, los actores y los papeles suelen ser moneda de cambio entre inversores, productores y directores. Pero sin cojones y sin buen ojo ten por seguro que salen chufas de cuidado. Algo de lo que todos vamos aprendiendo.
Tengo muchas ganas, no sé muy bien por qué, de ver esta película, que se estrena hoy. Entre las razones más o menos racionales, podría exponer que se trata del debut en la dirección de J. J. Abrams, uno de los credores de esa obsesión titulada Lost. También podría alegar la presencia en el reparto de Philip Seymour Hoffman, Larry Fishburne o, por qué no reconocerlo, el propio Tom Cruise.
Como aspirante a facedor de imágenes, también podría decir aquello de “me interesa ver el ritmo de la peli, la factura de los efectos especiales, la resolución de las secuencias de acción".
Pero lo que voy a decir es que simplemente quiero verla porque sí. No nos la han metido mucho por los ojos, o no tanto como hicieron con la segunda parte, o como están haciendo con Superman o con la de Manolete. Así que no me puedo reconocer como una víctima del bombardeo mediático. Quiero y quiero y punto. Por otro lado, es lo que hace la gran mayoría de la gente, que va a ver las pelis por una simple pulsión, así que no sé por qué tengo que andar torturándome y analizándome. Putos cines en V.O., putos fanzines y/o revistas culturetas y putos ciclos en la filmoteca. Me han convertido en un capullo que no puede relajarse viendo un film cualquiera.

Entrando en el tema de la saga, he de decir que tengo en el recuerdo a Mission: Impossible como un pequeño clásico del cine de acción de los noventa. Si por algo se caracteriza Brian De Palma es por defraudarnos de vez en cuando. Pero aunque sólo sea por joyas como Carrie, El precio del poder, Doble cuerpo, Carlito’s way y La hoguera de las vanidades, este hombre merece todos nuestros respetos. Salivo sólo de pensar en el estreno de Black Dahlia (con nuestra amiga Scarlett), adaptación de la novela de Ellroy; y tiemblo sólo de pensar en la anunciada The untouchables: Capone rising. Eso puede ser terrible.

Bien, pero M:I no sólo tiene como mérito a su director. Protagonizada por un Cruise en estado de gracia, acompañado del siempre encantador Jean Reno y con la preciosa Emmanuelle Béart como “chica de la peli", esta película es, a mi parecer y sin temor a exagerar, una de las mejores adaptaciones contemporáneas de tramas de espionaje o acción de antaño. Además de que fue el film que nos sorprendió a todos con el truco de descubrir tu verdadero rostro quitándote de golpe una falsa piel, truco que aún sigue viéndose por todos lados (ejemplo, el malísimo anuncio de Schweppes con un Noriega horroroso).
Acuérdate, mediados de los noventa. En el 95, Bond resucita con una peli correcta y un Brosnan que pintaba bien. En el 96, Missión: Impossible. Al año siguiente, Val Kilmer encarna a El Santo, un fracaso en todos los sentidos. En el 98, la diosa Uma Thurman, el gran Ralph Fiennes y el enorme Sean Connery se meten, aún no sé cómo, en esa cosa titulada Los vengadores. Ha pasado una década. ¿El resultado? Olvidos, un Brosnan incapaz de reciclarse y un Cruise en plena forma en taquilla. Más payaso que nunca, pero en plena forma (recuerda que sólo hace nueve meses se estrenó La guerra de los mundos).
Y Mission: Impossible, que nos brindó para el recuerdo momentazos como el descenso por el cable a la cámara de seguridad o la explosión del helicóptero dentro del túnel. Y ese score, que aún me pone los pelos de punta. Para una década de contenidos tan anodinos en las pelis de acción, el toque europeo que tenía esta producción es la guinda del pastel. Intenten superarla.
Eso debió pensar John Woo, en superarla. Definitivamente, a este tío le pierde Hollywood. Que el hombre que firmó filmes tan contundentes y notables como Una bala en la cabeza o The killer luego se arrastre por ejercicios vacíos y tontos como Broken arrow o Face/Off (que impresiona cuando tienes 14 tacos, pero decepciona a saco cuando la vuelves a ver) da idea de lo mucho que se le pira a este tío cuando le ponen pasta por medio. Declarado admirador del polar, (ha hecho un par de remakes de Once a thief), especialmente de Melville, me quedo de piedra cuando leo que, junto con su proyecto de He-Man, ¡tiene previsto estropear Círculo rojo! Pobre diablo, a quién se le ocurre… es como si yo intento -en serio y en un proyecto solvente y con producción millonaria detrás- actualizar a Charles Foster Kane, joder.
Bien, la cosa es que Mission: Impossible II es el típico resultado de mezclar dos egos tan excesivos como los de Woo y Cruise. Sin ninguna medida de las cosas, a uno le va salir siempre en primer plano y al otro le van los tiroteos a dos manos ralentizados a saco y hasta el aburrimiento. Olvídalo, Woo, el viejo Sam Peckinpah ya lo hizo mejor en los setenta… bah, la cosa es que la peli no se tiene en pie principalmente porque nadie en esa producción debió pararse a pensar “¿y si nos curramos un poco más la historia?". Claro que también para qué coño iban a hacerlo, si iban a ganar pasta de todas formas…
A ver qué tal esta tercera. Me temo que un director primerizo no va a ser capaz de tener atado a Tom, un tío con talento pero que sólo funciona bien a nivel artístico cuando alguien con cojones le grita y le corrige (Stone, el Scorsese de los buenos tiempos, Thomas Anderson, Kubrick). Así le va, dando tumbos.
pd: observa que en la lista de directores con cojones que han dirigido a Cruise no he incluído a Spielberg.
En las últimas semanas, he podido disfrutar de un buen puñado de películas de Dario Argento, el maestro del giallo, ese thriller bestia y gore de psicópatas a la italiana. Si algo son las pelis de Argento, se puede definir como sucio, sangriento, desagradable, excesivo. Imagina un cuchillo ensangrentado clavado en una de las cuencas oculares de un cráneo medio carcomido por gusanos. Todo rodeado por una luz entre verde y roja. Oyes un grito de mujer, ves una sombra amenazante, una risa histriónica. Eso es Argento.

Estas son las pelis suyas que he visto:
-El pájaro de las plumas de cristal (L’ucello dalle piume di cristal, 1970): después de unos años como guionista (con 28 tacos trabajó con Leone en la enorme Hasta que llegó su hora), Argento debutó como director con este thriller de suspense, en el que un escritor estadounidense en horas bajas se ve envuelto en el caso de un asesino en serie. Cabe resaltar dos colaboraciones que ya las quisiera yo para mi debut en 35 mm: Morricone en la música y Storaro como director de fotografía (Apocalypse Now y usual colaborador de Bertolucci y Saura).

Encontrarse con esta ópera prima después de haber visto otras películas más tardías y famosas de Argento puede chocar, pues apenas se da protagonismo a la violencia y al sexo. Aquí es el suspense el elemento que articula la trama, lo que convierte esta película en un ejercicio de mayor -y precoz- madurez, contención o -quizás- control ajeno a la voluntad de Argento. Sea como fuere, la falta de excesos favorece a un guión brillante por momentos pero con tendencia al estancamiento, protagonizado por personajes planos y de escaso interés (cosa que suele pasar en los thriller de asesinos, excepto contadas obras maestras, ya que las peripecias policiales potentes aplastan todo a su paso).
Decía que esa “serenidad” tan poco propia del futuro Argento hace un favor al conjunto de la película porque ayuda a crear una atmósfera tensa, de violencia contenida, en la que apenas unas gotas de sangre y un claroscuro son mucho más eficaces que el plano detalle de una vivisección. Hablando de detalles: entre las mejores secuencias se encuentra el asesinato de una mujer a manos del misterioso asesino enguantado de cuero negro, muerte que se muestra aliñada con planos cortísimos de la boca de la mujer, su lengua, sus ojos, una cuchilla de afeitar, unas gotas de sangre…
Sin embargo, la gran escena para el recuerdo se da al comienzo, cuando el protagonista asiste impotente, atrapado entre dos paredes de cristal, al ataque a una bella a indefensa mujer por parte del embozado agresor. Entre el frío blanco de una minimalista galería de arte, aparentemente separado por nada, el escritor no puede ayudar a la mujer, que se retuerce de dolor apenas a unos metros de él…
El título, sorprendente pero muy bien justificado en la trama, inaugura la primera trilogía de Argento, la llamada “trilogía de los animales", completada con El gato de las nueve colas y Cuatro moscas sobre terciopelo azul.
-El gato de nueve colas (Il gato a nove code, 1971): continúan los títulos extraños. De hecho, podría decirse que Argento es un excelente compositor de títulos enigmáticos y sugerentes. En esta ocasión no es que haya un felino multirrabo, es más bien una metáfora que queda explicada a mitad de película. Cuando esta expresión se dice parece una tontuna, pero con el tiempo lo piensas y es la mejor forma de aludir a este film.
Esta película es la más puramente policíaca de esta muestra: quiero decir que es la que sigue los cánones del género con la mayor fidelidad, con el suspense, el ritmo y toda la pesca. Qué pasa. Que la cosa no sale nada bien, quizás por ese excesivo academicismo. El tono pausado se le convierte a nuestro romano en parsimonia, apenas consigue transmitir tensión en momentos muy puntuales y, al final, todo resulta mediocre y deslucido.
La trama, de hecho, presenta graves problemas: un periodista, ayudado por un ciego que compone crucigramas, investiga un homicidio relacionado con el robo en una clínica de investigación genética. Todo comienza muy bien, hasta que se introducen demasiados elementos en el misterio: cinco -nada más y nada menos- científicos sospechosos, más la típica femme fatale, más un par de subtramas adicionales crean un estofado demasiado pesado para el espectador, que simplemente se ve abocado a dejar transcurrir la historia, sólo interesado es saber quién es el asesino de marras, casi por mera curiosidad. No te estropeo nada si te desvelo que el killer es uno como podría haber sido otro, y te quedas igual.
La violencia es casi nula, lo que casi se agradecería en una filmografía tan excesiva como ésta. Pero parece que sin glóbulos rojos de por medio Argento pierde fuerza, así que uno prefiere, en su caso, un cráneo trepanado que ese misma cabeza con un sombrero y gabardina bajo una farola. Prueba de ello es que la mejor secuencia de esta película está relacionado con la muerte y la macabrería, cuando el protagonista se queda encerrado y a oscuras en una cripta. La escena no está demasiado potente, pero la situación es tan descriptiva y llega en un momento tan adecuado que resulta eficaz e impactante. Pero el conjunto resulta regular y olvidable, sólo para fans.

-Suspiria (1977): una jovencita sexy llega a Friburgo para asistir a clases de ballet en una prestigiosa y misteriosa escuela, una especie de Hogwarts siniestra para bailarinas. Y nada más llegar comienzan las muertes, que en esta película son especialmente barrocas. Aquí Argento sí que consigue transmitir desasosiego, aunque no siempre acierta demasiado con el suspense, quizás por un exceso de elementos: demasiada música, demasiados claroscuros, demasiados ruiditos misteriosos… Soy de la opinión de que cuando Argento se empeña en dar susto, se pasa de rosca y sólo consigue un resultado demasiado kitsch.
En cambio, los mejores momentos de la película son paradójicamente los que no tendrían por qué ser especialmente terroríficos: la llegada de la protagonista a la ciudad es tremebunda, con una lluvia torrencial y una oscuridad apabullantes. Así como después de la estupenda secuencia de los gusanos, para mí el clímax de la angustia se da cuando todas las alumnas duermen juntas en un gran salón, y se oyen los ronquidos y estertores de una misteriosa anciana…
Podría concluirse que Suspiria en una amalgama de gritos, sangre bermellón surgiendo a borbotones, vómitos de luz morada, roja, azul y verde, negruras profundísimas y crujidos, pasos y respiraciones cancerosas. Quizás su mejor película.
He leído que Suspiria está inspirada en la obra Suspiria de Profundis de Thomas de Quincey, y es la primera parte de la llamada “Trilogía de las tres madres", completada con las películas Inferno y Tenebre. La historia consiste en que, según una leyenda, un arquitecto construyó tres casas a lo largo del mundo (en Friburgo, Nueva York y Roma) para albergar a tres reinas negras, “la madre de los suspiros", “la madre de las lágrimas” y “la madre de la oscuridad", y estas tres entidades femeninas malignas serían portadoras de diferentes males. Toma ya.
-Tenebre/Tinieblas (1982): como he dicho, esta es la tercera parte de la trilogía de las tres madres, una especie de thriller policíaco-gore situado en Roma. Un escritor de éxito se ve asediado por un copycat que reproduce los crímenes descritos en su best-seller Tenebre. Dejando a un lado un par de cuchilladas a la Argento, es decir, mujeres ligeras de ropa, guapas y de grandes pechos, trinchadas por un tipo con guantes de cuero (mmm…), la peli tiene poca chicha. La trama muestra ese tipo de giro final que te deja un sabor incómodo: no sabes si le aporta o le resta a la historia. Dato curioso a la par que estúpido: un inefable y veintañero Miguel Bosé interpreta el churri/chorripapel de chico-para-todo que ayuda al protagonista a esclarecer los crímenes. Tal y como lo oyes. Sí, Miguel Bosé, que parece más niña que la chica a la que se liga.

Esta película supone una vuelta al género policíaco que Argento había abandonado casi una década atrás, en el sentido de que no se deja llevar tanto por la paranoia como sus más inmediatas predecesoras. Lo cual no quiere decir que sea una peli “normal", ni mucho menos.
Un inciso. Conoces a Jennifer Connelly, ¿verdad? De este pibón, famosilla por un par de sobrevaloradas películas, se suele decir, como dato friki, que es la prota de esa mierda-pero-sin-embargo-admirada-por-muchos Dentro del laberinto. Pues bien, eso no es nada. Dos años antes, no sólo debutó en el cine con el maestro Leone en Érase una vez en América, sino que, ese mismo año, protagonizó…
Ayer fui a ver King Kong y volví exhausto: no pudo estar más en lo cierto el propio Peter Jackson cuando declaró que nunca igualará su particular marca de grandeza. Sin lugar a dudas, ha hecho un gigantesco espectáculo.
Primero, una anécdota: he visto alguna que otra peli larga en cine, pero nunca había experimentado un verdadero intermedio, a la antigua. Un poco antes de llegar al ecuador de la película, cuando están en la isla, la pantalla se fundió a negro y apareció el rótulo “Intermedio", con esa encantadora tipografía art decó. La pausa duró diez minutos, que la gente aprovechó para chalar, proveerse de palomitas y derivados… Me pareció curioso y agradable.

Entrando en materia: me encantó Naomi Watts. No me confundas con esos oportunistas que la vieron en The ring. Yo soy fan desde que la vi llorar en la genial Mulholland Drive y me enamoré definitivamente de ella en 21 gramos. Esos ojos. Lo dice todo con esos grandes y hermosos ojos. Sí, tiene unos labios encantadores, y un cuerpo estupendo, unas tetas preciosas, un cabello rubio fulgurante, un rostro de diosa. Pero son sus ojos. Mataría sólo con que esos ojos me lo sugirieran.
También me gustó mucho Jack Black, en su rol de director de cine/animal del show bussiness que exuda ansias de grandeza por todos lados. El resto están correctísimos, ajustados a su papel, no rechisto. Pero, francamente, de Adrian Brody esparaba muchísimo más.
La acción. Tanta que a más de uno podrá apabullarle, y que a mí me hizo disfrutar como un niño. Las peleas con los dinosaurios y demás bichos antidiluvianos son antológicas por lo enérgicas, frenéticas y bien diseñadas, sobre todo en cuanto al ritmo y la intensidad, muy bien equilibrada. De entre todos los momentos, creo que mi preferido es el de los insectos gigantes: la música, los efectos de sonido y el montaje hacen que la experiencia sea, directamente, repulsiva. Como todas las secuencias, tiene un montón de flipadas. Pero qué coño, estás viendo una peli que va de un mono de no sé cuántos metros. No me vengas con remilgos. Los efectos especiales son brillantes, aunque la secuencia de los brontosaurios/diplodocus/llámalo x presenta numerosos problemas de textura e interacción con el ambiente (el suelo, las rocas) y los protagonistas.
Sin embargo, la secuencia del Empire State es estupenda. Excepto por el brusco cambio de luz -pasamos de la más negra noche a una luz de media mañana en apenas unos segundos-, las idas y venidas por las alturas son cojonudas. Por cierto, que creo que sufro de vértigo, porque casi me mareaba yo cuando ella seguía subiendo, cada vez más alto, tras el gorila…
Kong. Doy un sobresaliente al diseño del animal. Especialmente en cuanto a su comportamiento. Sin llegar al tópico del enamoramiento entre la bella y la bestia, sí que se transmite ese destello de inteligencia emocional entre el bicho y ella. Quizás pasado un poco de rosca al final, pero qué más da. Llevas tres horas entregado a una historia épica con mayúsculas. Te sería permitido hasta llorar por el animal.
He tenido la oportunidad -o la paciencia, dirá más de uno- de revisar las cuatro películas que hasta ahora se han hecho sobre el personaje de Tom Clancy, Jack Ryan. Y me he dicho: vamos a escribir un poquito de esto, que puede que nadie lo haya hecho aún. Y si lo han hecho, pues ya somos uno más.

Todo empieza con La caza del Octubre Rojo (1990): quizás la mejor peli de John McTiernan, con permiso de Jungla de cristal, y quizás no por mérito suyo. Estoy convencido de que la claustrofobia de los submarinos le obligó a contener su tendencia a la pirotecnia, y el resultado es un thriller demoledor, profundo, que exige una atención constante y una agilidad mental no apta para espectadores de consumo rápido y fácil. Una frase, un gesto o un tecnicismo hacen girar la trama 180º, todo ello con la solidez de estar basada en un mamotreto de Clancy, con lo bueno y malo que eso tiene.
Además del sobresaliente ritmo de algunas secuencias, sobre todo la del “diálogo” entre los dos submarinos, lo mejor de la película es su ajustado casting: Alec Baldwin borda un Ryan aún poco confiado en sí mismo, casi vergonzoso; y dubitativo en la única escena de acción en la que participa. De esta forma, retrata a la perfección al tipo de persona que, fuera de los despachos, no es más que un empollón, pero un empollón con un par de cojones. Por supuesto, Connery firma otro de sus grandes personajes, en una época (finales de los ochenta-principios de los noventa) en la que estaba en estado de gracia: El nombre de la rosa, Indiana Jones y la última cruzada, Los intocables de Eliot Ness, La casa Rusia…
Otra joya de la película son los juegos con el idioma: es estupendo ver cómo el propio Sean Connery, Sam Neill y otros intérpretes angloparlantes comienzan hablando ruso, para pasar al inglés en una especie de juego con el espectador. Sólo una vez he visto algo más audaz, y fue en una peli tan vulgar como El guerrero nº 13. Dirigida también por McTiernan, el neoyorquino se supera: Antonio Banderas, cuando se va con los vikingos a las tierras del norte para luchar, al comienzo no les entiende nada. Todos hablan como con gruñidos. Pero, en una secuencia que representa una elipsis de meses de viaje y convivencia, vemos cómo, entre los gruñidos, se cuelan palabras que entendemos: “agua", “fuego"… Así, como el aprendizaje de un niño, los vikingos terminan hablando inglés… o nosotros entendiendo su idioma.
Otro detalle impagable es la fotografía, responsabilidad de Jan de Bont: lejos del tópico, la atmósfera de la sala de mandos del submarino ruso Octubre Rojo es de unos estupendos negros y azules, mientras que la del submarino estadounidense Dallas es… roja.

Juego de patriotas (1992): Phillip Noyce, el de la interesantísima Calma total (quizás la mejor peli australiana de la historia), toma el relevo en la dirección de la franquicia. Y, después del jasp Alec Baldwin, es ahora Harrison Ford quien encarna a un Jack Ryan más maduro y felizmente casado, alejado de la CIA, dedicado a sus clases de historia y con pinta de resentido con la agencia.
Y en éstas que se cruza con un comando descontrolado del IRA. Peor aún, con un terrorista que prefiere la venganza personal contra Ryan que pegar tiros por Irlanda. Ryan, convertido no se sabe cómo en un hombre de acción, decide encabezar la caza del comando y del terrorista Sean.
Ahí está el principal problema de la peli, entretenida de por sí pero a años luz de su predecesora: es interesante mostrar una evolución tan fuerte del personaje (de agente joven, arriesgado y prometedor a preocupado padre de familia), pero choca demasiado verle encarnando el tópico de “estadounidense medio que encara él mismo las amenazas que le vienen de fuera". El guión intenta recuperar ese Ryan de la primera parte, cuando, en los despachos de la CIA, trabajando con sus colaboradores, salta, sumido en sus pensamientos: “¡Hijo de puta!". Pero no es suficiente. Ford no parece Ryan, por mucho que todos le llamen así. Y no es porque no le encaje el perfil, sino porque la historia se empeña demasiado en hacer de él un héroe, demasiado lejos de ese analista dubitativo a la hora de empuñar un arma pero seguro de sus intenciones. En Juego de patriotas, es al revés: el protagonista se ha convertido en alguien demasiado confiado en disparar y que apenas se para a pensar.
Dejando esto a un lado, queda una peli sobria (excepto por el enfrentamiento final), seria y con secuencias muy interesantes: el atentado inicial, la escena de la autopista, el asedio en la casa… Por cierto, leo por ahí que, cuando se estrenó la película, la CIA se vio obligada a desmentir a la película sobre las capacidades reales de los satélites espías.

Llegamos así a la tercera entrega de la saga, con Peligro inminente (1994): la continuidad con Juego… es espectacular. Repiten el director, los guionistas Donald E. Stewart y Steven Zaillian, los productores, uno de los directores de fotografía… y los intérpretes de la familia protagonista: nuestro querido Harrison, la sufrida Anne Archer y la insoportable Thora Birch. Además, cabe destacar el impagable detalle de que el gran James Earl Jones encarne de nuevo al almirante James Greer: un actor que sólo con su presencia te hace saber que estás delante de un film estadounidense de género. Y eso sólo se consigue con mucho oficio.
Afortunadamente, esta película retoma el brío, la solidez narrativa y el interés de La caza…, resentidos tras la simplona y regular secuela. Esta vez la cosa va de narcotraficantes colombianos, y la acción se traslada a las calles de Bogotá y la selva subtropical. Al contrario que las fantasmagóricas persecuciones por parte de terroristas obsesos, aquí la pirotecnia, si bien no es escasa, por lo menos está justificada y repartida en dosis razonables. Lo mejor, sin duda, el ataque que sufre el convoy de Ryan en la capital colombiana. La secuencia está de puta madre rodada, resuelta de lujo y es de una economía de medios ejemplar. Ni se queda corta ni se pasa. Los tiros justos, las explosiones necesarias. Premio para sus responsables, porque es de los mejores momentos de la saga.
Cabe destacar como plato fuerte al enorme Willem Dafoe, que borda su papel de de mercenario. Y es que, después de la cojonuda Platoon, nadie se atrevería a dudar de la capacidad de empuñar el arma de ese flacucho dentudo. De los otros secundarios, planteo dos preguntas: ¿será el peculiar actor Miguel Sandoval un narco de verdad? Es que siempre hace de lo mismo, el pobre… Y otra: ¿Joaquim de Almeida interpreta en esta peli el mismo papel que en Desperado? Es que no capto ninguna diferencia en ambas interpretaciones…
Por último, otro punto a favor: se nota que Harrison Ford ya es Jack Ryan. Quiero decir que es como si el actor hubiera interiorizado por fin que no está de pegote, de sustituto, sino que es un personaje suyo con todos los méritos. Tanto fue así, que casi consigue hacer olvidar a Baldwin y deja a la altura del betún a su infortunado relevo, el inefable Ben Affleck.
Sí, ya llegamos a la cuarta -y, de momento, última- cinta de la franquicia. Pánico nuclear (2002) cumple con los formalismos propios de una adaptación cinematográfica de Clancy, pero adolece de algo que puede parecer pedestre pero no lo es para nada: encanto, sobre todo en su protagonista. Affleck es el peor Ryan con diferencia, algo así como el Bond de George Lazenby: una cagada.
Esta película es la más vulgar de las cuatro, pese a contar con una trama sólida (quizá un poco fantasma, quizá la más fantasma) y bien desarrollada, en la que se mezclan los viejos trapos sucios de -otra vez- los rusos y grupos de ultraderecha. Lo mejor, sin duda, la presencia de Morgan Freeman y la explosión nuclear en un estadio de fútbol americano. La fotografía, el sonido y el ritmo de los planos inmediatamente posteriores son estupendos, transmiten perfectamente lo que en el imaginario colectivo tenemos grabado de una catástrofe así. ¿Qué importa que la realidad sea diferente o peor?
Esta vez, y quizás es un atractivo, volvemos a un Jack Ryan joven y relativamente inexperto, de nuevo se pone incapié en su carácter de estudioso y ratón de biblioteca, experto en la política de la antigua Unión Soviética. Así que podría decirse que, temporalmente, esta peli está entre La caza… y Juego… Casi mejor así, porque el excesivo toque de “mi familia está en peligro” fue una de las razones por las que Patriot games fue tan chufa. Prueba de ello es que en Clear and present danger apenas aparecen la mujer y la niña, y la cinta gana enteros.
Un pequeño apunte: ¿por qué Ryan siempre necesita el apoyo de un hombre maduro y de raza negra durante sus investigaciones?
En cuanto al futuro… no tengo ni idea de si alguien tiene en la cabeza hacer más pelis de Ryan. Seguro que sí, sobre todo si Affleck se apunta al carro. Pero una cosa tengo clara: si quieren hacer una peli decente, que se dejen de marear la perdiz con rusos siniestros, la Guerra Fría está demasiado rancia (ya apestó en 1995, cuando descubrimos con horror que Goldeneye iba por esos derroteros). Y teniendo en cuenta que el terrorismo islámico sería demasiado facilón y lo mal que pueden salir los simplistas retratos de otros terrorismos (el norirlandés, por ejempo), yo apostaría por el siempre interesante recurso de una administración estadounidense corrupta y violenta. Recurso también cómodo, y más en los tiempos antiimperialistas que corren (la gracia habría estado en hacerlo durante los 80), pero qué le vamos a hacer. Los peores monstruos son los que guardamos dentro, como dijo aquel.

Pd: dos curiosidades más para el absurdo mundo de las traducciones al castellano de títulos de películas: literalmente, es “Juegos de patriota", no “Juego de patriotas". Y “Pánico nuclear” es “La suma de todos los miedos". Suena tonto, pero en la peli original queda muy bien, gracias a un diálogo.
Un tipo frío como el acero. Silencioso. Guapo. Asesino a sueldo.
Se mete en líos, y lucha por salvar el pellejo con una parsimonia que casi pone de los nervios al espectador.

Se trata del protagonista de El silencio de un hombre (título original, Le Samouraï), dirigida por el maestro Jean-Pierre Melville, que ya me dejó alucinado hace años con la maravillosa Círculo rojo.

Por lo que sé, durante los sesenta y setenta el cine negro no sólo resucitó tímidamente en EE UU, en Europa pegaba fuerte de verdad. Y surgió lo que podría considerarse todo un subgénero, el polar: cine policiaco francés (en Italia irían más allá y crearían el giallo, un tipo de thriller más bestia, tirando al terror). Mi humilde opinión es que Melville es el maestro absoluto del polar. Y me gusta tanto por su estética fría, distante, pausada y con carácter.

Además de su ritmo y su filosofía, lo sobresaliente de este samurai es su intérprete: Alain Delon. Sólo es necesario verle en Plein soleil (la adaptación de René Clement de El talento de Mr. Ripley, ya hablé del personaje) para rendirse ante su mirada acerada, su quieta expresividad, sus gestos calculados, su voz. Aunque casi no tengas ni idea de cine, seguro que te suena su nombre.

En definitiva: si quieres hacer buen cine negro, visita obligada al universo Melville. Cómo matar con estilo, convicción y silencio.

Por cierto, Delon sacó una fragancia inspirada en el éxito de la película y de su personaje.
Acabo de ver Día de fiesta, de Jacques Tati. Lo siento, de veras que lo he intentado, pero no soporto a este director. Echadme los perros, pero mi rotunda opinión es que Tati está sobrevalorado. Me aburre soberanamente. No le aguanto. Diría que hasta es mediocre. Fuera de mi lista.

Todo empezó, como muchas otras veces, con el programa de Garci. Después de que los contertulios se deshicieran en elogios hacia él, me dispuse con buen humor a ver Mi tío. No es sólo que los gags fueran facilones y sosos, es que eran terriblemente repetitivos. Dicen que Tati resucitó el slapstick. Mentira. Lo que hizo fue enterrarlo para siempre (¿Quieres ver el género fresco como el primer día? Consigue Hellzapoppin’).
Si se supone que el personaje de Hulot (dicen que Las vacaciones del señor Hulot es otra de sus “obras maestras", reconozco que no la he visto) es un alter ego de Buster Keaton que ironiza sobre la sociedad moderna… yo me pregunto: ¿dónde está la ironía? ¿En esos churrichistes? ¿Y dónde está la expresividad y el juego de contrastes humor-drama de Keaton? ¿En esos terribles y teatrales planos generales? ¿Dónde está la genialidad?

De las tres supuestas mejores pelis de Tati, no he podido terminar de ver dos. Me conozco, acabaré viendo Las vacaciones…, que es la que me falta. Pero veo difícil que consiga convencerme, después de la experiencia previa. El cine de Tati me resulta infantil, simple. De narrativa pueril, con situaciones y personajes planos y arquetípicos. Una mera sucesión de anécdotas, que han envejecido terriblemente mal. Las críticas o los guiños se desvanecen, carecen de fuerza. Y los dos films son desastrosos técnicamente. Además de que Tati, como intérprete, no es más que una especie de cómico tontorrón que cansa a los diez minutos, al más puro estilo Mariano Ozores (dicción confusa, gestos exagerados y torpes, nula expresividad).
Y, por último… ¿Tati sabía lo que es un primer plano?
Pd: una cosita sobre ¡Qué grande es el cine! Es un programa que me gusta, suelen emitir películas de gran calidad y los comentaristas suelen ser juiciosos, aun con sus filias y sus fobias. Además, no son tan pedantes como parecen. Pero, ¿por qué emiten tantos westerns, y a veces tan malos? ¿Por qué alaban con tanto furor películas que, aunque son correctas, no merecen tanta pleitesía? ¿Y por qué siempre han desdeñado la ciencia-ficción y el terror?
Estoy en la FNAC con mi socio Carlos, enredando en la zona de los emepetrés, cómo no. En un monitor tienen puesta una peli de estética futurista, con Christian Bale, en la que queman la Gioconda. Nos quedamos en plan “¿qué peli es ésta?".
Un grupito de unos cinco currantes de la FNAC, con sus churrichalecos, bromea en un corrillo. Me acerco y les digo: “Ey, perdonad… ¿qué peli es esa?".
Todos al unísono: “Equilibrium“. Se sonríen al ver mi cara de “no me suena de ná". Uno de ellos toma el liderazgo y me dice que es de cuando Matrix, y que “por eso” no la estrenaron en los cines. También me dice que no hay forma de encontrarla, sólo por internet. Lo dice como invocando a su tótem, o como si recitara de memoria el libro prohibido de El nombre de la rosa. Hum, digo para mí.

Unas horas después, Carlos se la baja y me la pasa. Acabo de verla. Bien… es interesante, pero tampoco como para que un grupo de fnaqueros parezcan emocionarse al hablar de ella. Procedo a hacer uno de mis pseudoanálisis:
Para empezar, es del año 2002, así que, en todo caso, sería de un año antes de Matrix Reloaded y Matrix Revolutions, no de “cuando Matrix". Joer, si curras en la FNAC, hay que cuidar más el rollo freak de saberse bien la añada de las pelis…
Dejémonos de misterios. La peli no está mal, pero poco más. En un mundo post-3ª Guerra Mundial, una sociedad rollo nazi impone una paz de palo basándose en la falta de sentimientos: la gente se inyecta una droga que les hace ser fríos e insensibles, para así alejar las pasiones y no caer en la escala de violencia que suele ser el deporte favorito de los humanos. Todo aquel que se emocione, es sentenciado de muerte.
Bien, pues una especie de cuerpo policial de la época son los Clérigos, y el gran Christian Bale es su mejor agente. Toda la trama comenzará cuando Bale se da cuenta de que está atrapado, y decide saltarse las reglas y comenzar a sentir. Ya de paso, se enfrenta al sistema y comienza a repartir hondonadas de hostias allá por donde va.
¿Acción? Bastante. La influencia de Matrix es obvia, no tanto por el efecto bala y otras maravillas como por el frenético montaje, la estética estirada y el festín de munición. La mejor secuencia es el tiroteo inicial, los siguientes están bien pero no son más que repeticiones del primero, sorprendente por suceder en la más absoluta oscuridad. Después, lo único que salva a la película es su protagonista, un actor de aspecto perfecto -una vez más- y cuya expresividad va del cero al cien en un parpadeo.
Aunque All Movie Guide la califica de peli de culto, a mí me parece un refrito de lo típico: Fahrenheit…, Mil novecientos ochenta y…, mundos perfectos… Es decir, pica un poco de todo el futurismo pesimista y lo sazona con acción de inspiración oriental (y no sólo porque también se den mandanga con una katana). Poquito más.

“Yo quería ser alguien importante al cumplir los 23″
Lelaina (Winona Ryder) en Reality Bites

Acabo de ver Reality bites, peli que me sonaba que en su momento fue algo así como un mítico retrato de la llamada Generación X. Nada más empezar, me sorprendo al comprobar que la dirige ¡Ben Stiller! No tenía ni idea…
Bueno, análisis fílmico y sociológico. ¿He dicho que se supone que es un retrato generacional? Creo que su principal fallo es haber pretendido serlo desde el comienzo. Estamos locos si vendemos así esta historieta romántica de una piba tontita y churriidealista que tiene que elegir entre un yuppie buenazo y un grunge atormentado.
Los personajes me parecieron planos, supuestamente dotados de personalidad sólo por soltar frases presuntuosas de vez en cuando. En este sentido me recuerda a Dawson crece, tontiserie donde aquellos supuestos quinceañeros hablaban de la vida como si fueran Platón en El banquete.
Volviendo a la peli. ¿Se supone que son una reflexión sobre el SIDA las cuatro frases que se dejan caer a lo largo del guión? ¿Se supone que Troy, el personaje que encarna Ethan Hawke, es símbolo de una juventud contestataria, con ese pelo grasiento, quizás el más sucio del cine contemporáneo? ¿Se supone que esta peli refleja los sentimientos de un homosexual que duda si contárselo a sus padres? ¿Se supone que todo esto va sobre la amistad, el amor, las dudas ante el futuro, las relaciones padres-hijos?
Yo no me lo trago. Esto es una comedieta romántica. Y, lo siento, pero sigo con la idea de que cada vez que una peli tiene como protagonista a Winona Ryder, el instalache se va abajo. Qué insulsa es esta actriz, joder.
“Yo nunca había follado con alguien a quien quisiera”
Troy (Ethan Hawke)
Hace ya tres años y pico que vi por primera vez Barry Lyndon, del maestro Kubrick. Y sólo puedo expresar lo que sentí con una palabra: fascinación.

El Sarabande de Georg Friedrich Haendel me sigue poniendo los pelos de punta. El ritmo pausado, lánguido, obsesivo e hipnótico del film me hizo caer en una especie de locura en la que fantaseaba con ser un caballero como el señor Barry y desposarme con alguna Lady Lyndon. La exquisita fotografía y la luz de las velas marcaron un hito en la historia del cine. Kubrick alcanzó la belleza absoluta con esta película.

Y Redmond es un personaje cojonudo. Comienza como un pardillo, un provinciano idiota que quiere follarse a su prima, una piba más que mediocre pero quizás el coño más decente de los pocos que ha visto en su vida. Tras una charada en la que Redmond es engañado como un niño por los cabrones de su familia, decide huir y buscarse la vida. Y empieza la forja de lo que con la perspectiva del tiempo me encanta bautizar como “un hijo de su tiempo".
Te desvalijan unos tirados con sonrisa de hijos de puta. El ejército de un país que no es el tuyo como única salida, claro que sientes por cualquier patria el mismo amor que por un grano en el culo. La puta guerra, qué diversión, a golpe de bayoneta vas aprendiendo lo que tus papis ni siquiera se olían que existe. Después, te alías con cualquier buscavidas y buscas el placer, la cima social.

Le haces gracia a una estatua hermosísima, fría y blanca como el mármol, y te haces con su apellido. Estafas, follas y disfrutas como nunca te imaginaste. Pronto, las cosas se torcerán, quien sube tiene que bajar. Pero ya serás para siempre Barry Lyndon.

Basada en la novela de William Makepeace Thackeray, el de La hoguera de las vanidades. Con el guión, la dirección y los cuidados del director más exigente de la historia. El plano de Marisa Berenson en la bañera bastaría para sedarte durante horas. Sin lugar a dudas, una de mis películas favoritas.

Pd: para ti, que tanto lo pediste
Estoy viendo “La cosa más dulce“, y reconozco que sigue pareciéndome cachondilla. Vale, es un poco la típica gilipollez de amigas y amores tontorrones. Pero siempre me ha gustado su incorreción política, dentro de los términos que cabe pensar para el establishment.

Entre el “Relax, don’t do it” de la mamada atragantada y el “No puede caber aquí” del restaurante chino, entre las tetazas de la pelirroja y el pibón de Cameron. Y la morena, que tiene unos ojazos…
Todo es muy chorra, muy colorista, muy ligerillo. Pero, por lo menos, lo aderezan con unos cuantos coños, putas, pollas e hijoputas. Y, por encima de todo, demuestra que, por fin, el modelo de chica romántica de “Pretty woman” ya ha quedado atrás. A las chicas románticas, además del helado de chocolate, los test del amor y que las amigas les consuelen, también les gusta comer pollas, que les coman el coño y follar como a todo hijo de vecino. Y eso tiene un valor sociológico impagable. Hurra.
Tony Montanta. Exiliado cubano en Miami. Principios de los ochenta. Violento, ambicioso, sin escrúpulos. Brian De Palma rehizo en 1983 el clásico “Scarface”, trasladando el mito mafioso al narcotráfico de cocaína en esa Colombia estadounidense que es Florida.

¿El resultado? Para mí, la mejor película del irregular De Palma (como diría mi amigo Patrick, “Doble cuerpo” tiene un punto, pero…). Hay críticos que prefieren “Atrapado por su pasado” a “El precio…", pero a mí me parece que la primera es más melancólica, sentimentaloide y artificialmente fatalista: ¿a qué viene mostrar la muerte del personaje al comienzo de la peli en un flash forward?

En cambio, “El precio…” es directa, viva, puro nervio, como un puñetazo en la cara. Visualmente excitante y rápida, con ese extraño contraste entre el rosita palo/verde puerro de los apartamentos de Florida y el rojo sangre/blanco nieve de la farlopa en la cara de Al Pacino.
El otro día fui con Mar y Macucha a ver “Entre copas”. Sí, reconozco que funcionó la publicidad en plan “vaya a verla, es la sorpresa del año”. Y me gustó mucho. Payne no me convenció demasiado en su momento con “About Schmidt”, aunque me encantó Nicholson. Pero en esta sí que consigue que me identifique con los dos protagonistas. Por un lado, con Miles: inseguro, tímido, obsesivo. Por otro, con Jack: confiado, descarado, en el fondo también inseguro. Comprendí perfectamente todos y cada uno de los sentimientos de estos dos personajes, mientras mis dos compañeras sentimentales afilaban más la lengua y le buscaban pegas al asunto. Yo, como salí tan contento de la sala, mitad por la peli, mitad por los mimos, no tenía ganas de adoptar la pose de cinéfago exigente.

En definitiva: recomiendo “Entre copas” a aquellos que puedan interesarse por estos ingredientes: escritor frustrado, que no ha superado un divorcio (relativamente) reciente, y amigo algo pendenciero pero, en el fondo, necesitado de la seguridad que siempre aporta una mujer, viajan entre cepas de vino en busca de nada. Si alguna vez has llamado a la chica que aún te gusta estando borracho como una cuba, pensando que es la mejor idea del mundo, y te has arrepentido a los cinco minutos, esta peli puede gustarte. Si no, ya estás pillándote una cogorza y llamando a la piba en cuestión (mi caso es aún más triste, yo he mandado mensajes, y aún lo hago).

Macucha y Mar, jugueteando. Cuánto las quiero.
Nota: aún me acuerdo de Payne y su pefecto castellano cuando vino a Ciencias de la Información, y cuando reconoció ser uno de los guionistas de “Parque Jurásico III”. Cágate, lorito.
Llevo un tiempo con ganas de comentar esta peli… el otro día, como quien dice, fui con mi adorable amiga Mar a ver esta rareza parida por Alejandro Jodorowsky. En cuatro palabras, para quien no sepa de qué va este hombre, podemos decir que es, entre una decena de cosas, escritor, cineasta y experto en tarot… o algo así. Leo por ahí que su obra maestra (en cine) es El Topo, que realmente tengo ganas de ver, parece ser un western místico-gilipollesco, o algo por el estilo.

Jodorowsky en sus tiempos mozos
Santa sangre es rara. Jaja, no, realmente tiene su punto. Excepto algunas secuencias que, en mi modesta opinión, sobran y lastran el conjunto; la película es impactante, grosera, excesiva, desordenada, atractiva y muy excitante (en el sentido artístico de la palabra, claro).
El otro día vi El jovencito Frankenstein, la más recordada, mejor y más exitosa colaboración del dúo Mel Brooks-Gene Wilder. Brooks ha dirigido todo tipo de comedias chorras, pero rescato dos frikadas: fue productor ejecutivo de El hombre elefante, de mi adorado David Lynch, y dirigió un capítulo de la encantadora serie Frasier.

¿Lo mejor de la peli? Sin duda alguna, Marty Feldman como el delirante Igor: con esos ojos, esa joroba ("¿Joroba? ¿Qué joroba?", dice el cabrón)…
Por cierto: ¿alquien avala mi teoría de que hay dos Igor? Si no, ¿cómo se explica la rapidez con la que vuelve de la cúpula del laboratorio o sus cambios de joroba? Bonito guiño de los creadores…
El otro día disfruté viendo la conocida en España como La matanza de Texas, dirigida por Tobe Hooper en 1974. Un clásico moderno del más puro y visceral género de terror. Recomiendo verla sin ningún tipo de prejuicio: no es gore, no se recrea en ningún tipo de explicitación sexual, no es la típica mierda friki. De hecho, he de reconocer que me sorprendió por varias razones: su modestia y sencillez, su cruda y acertada visión de la violencia y su enérgico y ágil guión. Amén de alguna que otra poderosa y evocadora imagen…

El psicópata Leatherface (Cara de cuero), extasiado, baila al amanecer al son de su sierra mecánica.
“Harry, un amigo que os quiere”, con Sergi López: interesantísimo y enigmático personaje para una cinta de suspense y psicópatas fuera de lo usual. Espléndida interpretación de López y un eficaz retrato de la vida cotidiana interrumpida por la maldad. Destaca también el final sorprendente y sobrecogedor, con el buen gusto que siempre deja conocer a un villano tan encantador. Gracias por todo, Harry
Ayer fui al pase de prensa de Alexander, que se estrena en España la semana que viene. Me gustó bastante, porque, a diferencia de Gladiator, el interés en conocer al personaje pesa más que sus andanzas y aventuras (que también las hay, por descontado).
Al tratarse de una película de Oliver Stone, sé lo que estaréis pensando: pues no, no hay demasiadas alucinaciones al más puro “estilo Stone". Sí que hay algún que otro subrayado inútil y varios efectismos, pero se toleran con facilidad, e incluso cabría decir que están justificados.
No me puedo resistir: lo mejor de la película, sin lugar a dudas, la relación entre Colin Farrel (Alejandro) y Jared Leto (Hefestión). Por supuesto, Angelina Jolie está impresionante, con un acentazo más que morboso (no sé si en la versión doblada al castellano lo mantendrán, supongo que sí).
Un último comentario, para los estetas y los fóbicos del “Equipo G": las mechas rubias de Farrel quedan olvidadas al instante, así que no os asustéis al ver el cartel de la película.
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