“¿Y por qué la vista no tendría que estar ejercitada? ¿Por qué los cineastas no podrían dirigirse a una élite, como los músicos siempre lo han hecho en su tiempo? Y entendemos por élite la gente que quiere tomarse la molestia de ver y volver a ver los films (muchos films) como se debe oír y volver a oír mucha música para apreciar los últimos cuartetos de Beethoven o la obra de Webern".
Noël Burch, en Praxis del cine

“¿Qué cabe pensar de alguien que le cuenta todo a su madre o a su pareja? Quien no puede guardar un secreto ante sus seres queridos no puede ser digno de mi confianza".

La dicotomía verdad-mentira es quizás el dilema ético que más me ha torturado durante toda mi vida. La “mentira social” es una herramienta tan básica y necesaria como el propio lenguaje, y quien lo niegue, o es un necio o el mejor ejemplo de mentiroso social. Todos mentimos en mayor o menor medida al salir al mundo: sin ella, es como ir desnudos, indefensos ante cualquier impertinencia.
Sin embargo, ¿cuál es el límite de las mentiras? ¿Cuándo deberías dejar de mentir, o a quién? ¿Amar significa ser completamente sincero? Estoy convencido que los secretos bien guardados ayudan a ser feliz tanto como las confidencias compartidas. Pero, ¿qué contar y qué guardar?
De hecho, el propio secreto es una entelequia paradójica. En poder de uno puede ser un arma extraordinaria o una pesada carga. Darlo a conocer en las dosis necesarias puede llevar al éxito, guardarlo demasiado celosamente lo dejará sin valor.
Quizá sea necesaria toda una vida para saber qué pensar sobre esto. Mientras, reafirmo mis palabras arriba escritas.
Comentario #4 en el post Tu vida:
“Yokin, que te jodan, ya te puedes ir despidiendo de mí. Ahora pregúntate por qué ninguna puta tía te aguanta. Que te pires".
Emma

Uno lee esto y se pregunta: ¿tendrá razón? Terribles dudas se agolpan en mi mente. Repaso mi chorbagenda y la encuentro llena de borrones, tachones e insultos escritos en los márgenes. También hay silencios, dudas y páginas arrancadas.
Cojo el teléfono, en un estado febril, y hago unas llamadas. Teléfonos apagados o fuera de cobertura; tonos interminables, que quizá indiquen la renuencia de sus dueñas por contestar. Casi extático, marco todos los números, uno a uno, y nadie contesta. ¿Qué les ocurre? ¿Dónde están?
Amigas que se van, ex que desaparecen para siempre, compañeras que parecen no haber existido nunca, conocidas que se desvanecen. Ligues de una noche cuyas caras y nombres se mezclan en una neblina parecida a una borrachera.
Yo no he podido haber provocado todo esto. Dios mío, ¿quién es el responsable? ¿Es una broma, una plaga, un maleficio, una pesadilla?
Como tantas otras veces, conduzco para pensar, para huir. Las ventanillas bajadas dejan entrar un viento helado que me hace tiritar, pero que me despierta. Como tantas otras veces, me dirijo al cine más cercano para pensar, para huir. En la oscuridad de la sala nadie puede atraparme. Al comprar la entrada, la guapa y simpática chica de la taquilla se apiada de mí; he debido de caerle simpático y me aplica el descuento joven, pese a que mi carnet caducó hace meses. Me sonríe y me guiña un ojo.
Salvado por hoy, me digo. Y entro en el cine.

“Es que sólo piensas con la polla".
Típico, ¿verdad? Haces algún comentario y ya te sueltan esto. Yo digo: ¿qué tiene de malo pensar con la polla?
Veo una piba por la calle. Me atrae su culo, o sus tetas, o su mirada, o sus gestos, o su forma de caminar, o su forma de hablar. Lo digo en voz alta y ya estoy siendo un simple. ¿Por qué? ¿Acaso no piensas tú lo mismo de un tío y te lo callas, reprimida de los cojones?
Llámame salido. Sólo soy un tipo desacomplejado.

La señora Polla también me recrimina.
Redacción de una revista. José Carlos habla con una chica de documentación por teléfono. Hago la broma de rigor.
JOSÉ CARLOS: Sí, la he dejado embarazada con mi voz…
IZARA: ¿Tú no sabes que no se puede dejar embarazada a una fuente?


“Esto es como introducir el pene en una mujer: ofrece cierta resistencia, pero se desliza suavemente".
A propósito de la tapa de un dispositivo de memoria USB

Frederick Loren (Vincent Price)
Do you remember the fun we had when you poisoned me?
Annabelle Loren (Carol Ohwart)
Something you ate, the doctor said.
Frederick Loren
Yes, arsenic on the rocks…
House on haunted hill (1958), directed by William Castle
…

Nicholas van Dyn (Vincent Price)
Deform bodies depress me…
Dragonwyck (1946), directed by Joseph L. Mankiewicz
…

Estas dos pequeñas joyas son sólo una muestra del terrible encanto de Vincent Price. He de reconocer, una vez más, el excelente gusto de Tim Burton cuando le eligió como ídolo. Yo de mayor también quiero ser Vincent Price…
Si hay que escoger un rostro para encarnar a casi cualquier personaje de los maravillosos relatos de terror de Edgar Allan Poe, es sin duda el de Vincent: nadie como él para encarnar con tanta ambigüedad la maldad y fundirlo con un irresistible encanto. Todo ello junto al inefable productor y director Roger Corman. Aquello sí que era terror. A veces cutre, en ocasiones algo pueril, pero siempre con encanto, y con un incombustible respeto a los clásicos, algo que hoy brilla por su ausencia.
Aunque no sólo de terror vivió Price, y sin ánimo de encasillarle, hay que decir que fue este género el que le encumbró. Y orgulloso debió vivir toda su vida de ello. Cuántas historias de románticas apariciones, viejas telarañas y crujientes escalones…

Vincent falleció en 1993. No importa. Como los mejores fantasmas, sigue vivo en las frías noches de tormenta.

“Nunca curres en televisión. Allí no hay más que putas".
De jefe de redacción a becario.

YO: Pues una amiga mía es bailarina…
UN COLEGA: ¿Y te has liado alguna vez con ella?
YO: Er… sí. Bueno, estuvimos…
UN COLEGA (interrumpiéndome): ¿No ves? ¡Primer error! Nunca te líes con una bailarina. Son unas presuntuosas de mierda.

“No queremos la felicidad, la felicidad aburre. Buscamos placer desmedido.”
Leire

-Yo no me enrollo con un chico que esté pensando en otra…
-Bueno, siempre puedes hacer tú lo mismo…
-¡Pero eso no es justo!
-El amor no es justo. Eso es todo lo que sé.
Dedicado a Macucha

“… la peña está loca… Corazón, se te va la olla,
tu boca es la única razón por la que tengo polla".
R de Rumba con Tote King, en “Días de furia".
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